Amado Jesús, Príncipe de paz, te adoramos y nos hincamos delante tuyo porque no existe nadie que se te compare, en ésta, ni en mil existencias más.

Tú eres el más hermoso ser que pudimos conocer en nuestras vidas.  Te alabamos porque tu nos dejaste el vivo ejemplo de que es posible trazar un propósito y llegar hasta el final, si tu vas de nuestro lado.

Gracias por el propósito de ser pacificadores, en medio de un mundo que se debate entre el odio, las envidias, el deseo de poder, el protagonismo y el enojo.

Se necesita gran determinación y una fuerte dosis de valentía para ser pacificadores, para poner en marcha todas las acciones necesarias, de manera que podamos obtener el bien supremo para ambas partes.

Cuando acudimos a tu justicia, sabemos que también tú, darás a cada uno lo necesario para que surja la reconciliación contigo y entre nosotros.

El mundo se ha dividido por causa de discusiones sin sentido, hemos vivido guerras, violencia de todo tipo, porque hace falta que bajemos las manos ante el conflicto y las levantemos para fortalecer al caído, para bendecir al necesitado, para apoyar al afligido y para amar al perdido.

Tu mismo nos dejaste el mayor legado de paz, al cual nos acogemos en este día, como está escrito en Efesios, capítulo 2 versos 14 al 17:Cristo nos ha dado la paz. Por medio de su sacrificio en la cruz, Cristo ha puesto fin al odio que, como una barrera, separaba a los judíos de los que no son judíos, y de dos pueblos ha hecho uno solo. 

Cristo ha puesto fin a los mandatos y reglas de la ley, y por medio de sí mismo ha creado, con los dos grupos, un solo pueblo amigo. Por medio de su muerte en la cruz, Cristo puso fin a la enemistad que había entre los dos grupos, y los unió, formando así un solo pueblo que viviera en paz con Dios. 

Cristo vino y anunció las buenas noticias de paz a todos, tanto a ustedes, que no son judíos y estaban lejos de Dios, como a los que son judíos y estaban cerca de él.

Queremos ser personas en cuya presencia la enemistad no pueda prosperar, que salvemos los abismos, cerremos las brechas y endulcemos la amargura, porque esa es tu voluntad Señor. 

Te exaltamos Jesús, porque tuyo es el reino y el poder, por siempre y para siempre.

Amén.

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