Bendito y amado Dios, gracias porque siempre has inclinado tu oído a mi clamor, aún cuando he sentido que mis oraciones retumban en el techo de mi habitación o cuando no he encontrado las palabras adecuadas para expresarte lo que siento y termino por quedarme en silencio, tu siempre has estado atento a mi necesidad, me has respondido de maneras que no esperaba, pero mucho más grandes de lo que yo necesitaba, así eres tu mi Señor, justo y propicio a mi necesidad.

Hoy derramo delante de ti mi corazón amado Dios, porque me encuentro angustiado, y aunque sabes bien lo que quiero también conoces muy bien todo lo que necesito, hoy te pido que por favor respondas a mi clamor, permíteme conocerte más a profundidad y en la medida en que te conozca enséñame a orar, no conforme a mi carne sino en el espíritu, te pido perdón porque he rebajado la importancia de la oración en mi vida, quizá sin darme cuenta, comencé poco a poco a menguar en la constancia y en la calidad de mis oraciones, termine por hilar dos o tres frases sin sentido y sin corazón solo para acallar mi conciencia y sentir que ya había cumplido, hoy me arrepiento por mi mediocridad y te pido que me perdones.

Quiero ir más profundo Señor en mi conocimiento de tu verdad, quiero que mi oración sea el fruto de la revelación de tu persona a mi vida, quiero hablarte no como si fueses algo, sino como el alguien que eres, alguien en quien puedo confiar ciegamente mi vida por completo, alguien que está cercano a los que le invocan, pero a los que le invocan de verdad, alguien que llora con los que lloran y ríe con aquellos que están llenos de felicidad, alguien como aquel que entregó a su único hijo para que hoy pudiese disfrutar a plenitud de su exquisita y hermosa presencia.

 

Gracias Señor porque tu responderás en tu tiempo y a tu manera mi oración, hoy expulso de mi vida todo pensamiento de duda que venga a robarme la paz y la confianza, estoy seguro que tu no rechazas las oraciones, todas las escuchas y estás presto a responderlas según tu voluntad, tu palabra me enseña que es el Espíritu quien nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; por eso hoy te pido Espíritu Santo que me guíes, hoy te pido que me enseñes a orar como se debe, no con miedo, tampoco con un corazón altivo y orgulloso, sino con un corazón que te agrade.

Hoy declaro que tu respuesta viene en camino, que no tardará y nada impedirá que se haga realidad, hago mía la promesa que hiciste en tu palabra, en el libro de Zacarías, cuando dijiste: Fortaleceré la casa de Judá y la casa de José salvaré, y los haré volver porque me he compadecido de ellos; y serán como si no los hubiera rechazado, porque yo soy el SEÑOR su Dios, y les responderé, así pues te entrego mi ansiedad y mi impaciencia, someto mis ganas de querer hacer las cosas a mi manera, hoy establezco la oración no solo como un acto de fe, sino también de sumisión a tu voluntad, rindo mis planes, mis sueños y todos los anhelos de mi corazón a ti, preparo mi corazón para ver tu respuesta y tu intervención,  tu eres mi fortaleza y mi pronto auxilio en medio de las tribulaciones, tu eres el Dios de mi salvación, nunca dejará padecer a tu hijo más allá de lo que pueda soportar, eres bueno y para siempre es tu misericordia.

Te doy total libertad para que obre conforme a tu buena voluntad, haz lo que deseas hacer en mi vida, aleja de mi todo obstáculo que mi adversario quiera poner para truncar tu propósito, si tu hijo Jesús oraba todos los días muy temprano en la mañana y hasta tarde en la noche, cuanto más yo necesito establecer el hábito en mi vida de la oración, se que solo así podre conocerte más a profundidad y hallar todas las respuestas a mis necesidades, te amo Señor y bendigo tu nombre, porque no olvidaste ningún detalle, nos dejaste la oración como ese cordón umbilical donde podemos recibir alimento y fuerzas para seguir adelante en el camino de la vida, te adoro y bendigo tu precioso nombre.

amén.

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