Querer más es una motivación natural, todas queremos un poco más: una cucharada más de postre, unos días más de vacaciones, unos años más de juventud, un poco más de vitalidad, un poco más de belleza aquí y allá,  un poco más de tiempo en ese abrazo de despedida.  

 

Acsa no es la excepción. Pero ella deseaba mucho más que un poco más de zapatos de moda en su armario. 

 

Acsa es la hija de Caleb, la única hija, de entre cuatro hermanos. Su padre es un hombre que se destaca en la biblia como el compañero fiel de Josué, el sucesor de Moisés.

 

Ellos fueron los únicos dos espías, de doce que envió el pueblo judío a reconocer la tierra prometida antes de conquistarla, que trajeron mensajes de ánimo.

 

Caleb fue un padre de un ejemplo extraordinario y luego de conquistar Hebrón y expulsar los gigantes que habitaban esa tierra que Dios le había entregado como heredad, hizo un desafío que registra el libro de Josué capítulo 15 versos 16-19: Caleb dijo: «Daré a mi hija Acsa en matrimonio al que ataque y tome Quiriat-sefer». Otoniel, hijo de Cenaz, un hermano de Caleb, fue quien conquistó la ciudad; así que Acsa pasó a ser esposa de Otoniel.

Cuando Acsa se casó con Otoniel, ella insistió en que él le pidiera un campo a su padre. Mientras ella se bajaba de su burro, Caleb le preguntó:

—¿Qué te pasa?

 Ella contestó:

—Concédeme otro regalo. Ya me regalaste tierras en el Neguev; ahora te ruego que también me des manantiales.

Entonces Caleb le entregó tanto los manantiales de la parte alta como los de la parte baja.

 

La dote o regalo de bodas que entregó Caleb para ella no era suficiente, ella quería más y se dió la forma para pedirle a su padre algo más.

 

Tal vez nos parezca una petición lógica, que quisiera tener fuentes de agua para un terreno que posiblemente fuera un tanto árido. Pero ella estaba asegurando la productividad de la tierra, por partida doble.

 

Los manantiales de la parte baja, son prototipo de la abundancia en esta vida terrenal para suplir toda necesidad humana.  

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