El capítulo 13 de la primera carta de Corintios, nos deja expuestos a esa gran verdad:  Hay tres cosas que son permanentes: la confianza en Dios, la seguridad de que él cumplirá sus promesas, y el amor. De estas tres cosas, la más importante es el amor.

 

Esas tres cosas son las más importantes y las que debemos alcanzar a toda costa.  Pues los dones, los talentos y los milagros, están puestos para darle convicción a quienes apenas están naciendo en la fe.

 

Pero la confianza determinada no por las emociones, sino por el conocimiento y el relacionamiento contigo, Señor, es la que alimenta nuestra esperanza y nos permite manifestar tu amor en nuestros corazones.

 

Confiar en ti, Señor, es el más grande de los dones que puede obtener un ser humano, estar seguro de que cumplirás lo que prometiste y amar, tal como tu nos amaste primero, es la identificación irrefutable de quienes hemos madurado como creyentes.

 

No necesitamos exhibiciones majestuosas de tu poder para creerte, porque el amor que sentimos por ti y recibimos de ti, supera todo lo emocionante que puedan ser los milagros.

 

Atendemos a la instrucción dada en la carta  a los Romanos, capítulo 12 verso 2: No vivan según el modelo de este mundo. Mejor dejen que Dios transforme su vida con una nueva manera de pensar. Así podrán entender y aceptar lo que Dios quiere para ustedes y también lo que es bueno, perfecto y agradable a él.

 

La iglesia se acerca a la perfección mediante el amor: los creyentes amando a Cristo y amándose unos a otros; sosteniendo la verdad en amor; practicando la verdad porque le amamos a Él. 

 

Todos debemos llegar a la estatura de Cristo para poder edificarnos unos a otros en amor, pues el amor es el mayor de las virtudes.

 

Como fue dicho, con total ternura, en la primera carta del apóstol Juan, capítulo 3 verso 18: Hijitos míos, que nuestro amor no sea sólo de palabra ni de labios para afuera, sino que amemos de veras y demostrémoslo con hechos.

 

Gracias Padre bueno, por habernos hecho partícipes de tan profundo y transformador amor.

 

En Cristo Jesús

 

Amén.

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