Invertir el valor y las prioridades es la principal causa del descontento. Jesús mismo dijo, en el evangelio de Mateo, capítulo 6 verso 25: Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa? 

 

A través de esas palabras nos está enseñando que mientras conservemos la vida y nos sintamos agradecidos por tenerla, podremos hacer de ella una verdadera experiencia de bienestar.  La alimentación, el techo y la ropa, son asuntos que pasan a un segundo plano, cuando la salud y la vida están en peligro.

 

Mientras nos mantengamos unidos a nuestro Señor, seguros de su presencia en nuestra vida, actuando a nuestro favor, podremos decir como le escribió el apóstol Pablo a los Corintios en su segunda carta, capítulo 12 verso 10: Por eso me regocijo en debilidades, insultos, privaciones, persecuciones y dificultades que sufro por Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

 

Nuestra fortaleza depende del poder de Dios y no de nuestra inteligencia, formación, físico o riquezas.  Las adversidades son las que nos ayudar a formar nuestro carácter.

 

En tanto vamos atravesando los diferentes escenarios que la vida nos ofrece, debemos estar contentos, pues de esa manera, podremos avanzar a nuevas etapas de bienestar; relacionarnos correctamente con los demás y vivir vidas agradables a Dios.

 

Oremos a nuestro Señor, diciendo juntos: 

 

Dios nuestro, te damos gracias primeramente por la oportunidad que tenemos de estar vivos, en tanto muchos, en este día partieron para la eternidad.

 

Gracias por el país en el que nos permitiste nacer, pues cuenta con todos los recursos que necesitamos para dar lo mejor de nosotros.

 

Gracias por nuestros padres, por la crianza que nos dieron y por la familia en que nos pusiste, todos tienen algo que aportar a nuestro crecimiento, sea para seguir su ejemplo o para no imitar su conducta.

 

Gracias por el cuerpo que nos entregaste para habitar, no importa si es alto, bajo, grueso o delgado, si somos de una fisonomía u otra, es exactamente el que necesitábamos para cumplir nuestro propósito en la tierra.

 

Gracias por las diferentes etapas que ha enfrentado nuestra economía personal, porque en unas hemos medido nuestra generosidad y en otras nuestra capacidad de administrar .

 

Todo en ésta vida es aprendizaje y formación. Todo son experiencias y retos que nos permiten descubrirnos a nosotros mismos y a tí.

 

Gracias Padre bueno, porque sin importar si estamos sanos o enfermos, tristes o alegres, saciados o con hambre, jóvenes o adultos mayores, siempre, estás con nosotros Señor.

 

Contamos contigo, contamos con tu bendición, contamos con la guía de tu Santo Espíritu, contamos con tus provisiones, contamos con tu perdón, contamos con tu gracia.

 

Nos sentimos contentos, porque sin duda alguna, todo lo que nos sucede, por difícil que parezca, pierde toda importancia, ante la certeza de tu presencia, Padre.

 

Te adoramos y te bendecimos, hoy y siempre.  En Cristo Jesús.

 

Amén.

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