Cristo es el heredero y nosotros coherederos de sus riquezas en gloria.  No estamos desamparados, no somos pobres, tenemos las más grandes bendiciones a las que un ser humano puede aspirar y todas ellas las hallamos en Cristo.

Tu has hablado Señor, para anunciarnos que tenemos respuesta a todo y para todo hay una solución que proviene de la persona de Cristo.

En Él nos sentimos identificados, en Él estamos completos, hemos sido rescatados de nuestra vana manera de vivir, hemos sido redimidos del pecado, de la perdición y de la muerte eterna. 

Hemos sido curados de nuestra alma y de nuestro cuerpo, hemos nacido para una esperanza gloriosa y una nueva naturaleza que es semejante a la suya.

Hemos sido acogidos con amor, perdonados por nuestras torpezas y fortalecidos en nuestras debilidades.

Cristo es nuestro Rey, nuestro Maestro, nuestro Señor y nuestro Amigo.

No sufrimos ninguna prueba que Él no haya enfrentado y vencido, para darnos la victoria y bendecirnos con la recompensa.

Gracias Dios Padre, por habernos hablado a través de la persona de Cristo, gracias dulce Señor nuestro.

Gracias por habernos salvado, pero sobre todo, gracias por habernos amado y habernos entregado en Jesús el más claro mensaje que pudiéramos haber esperado.

Te adoramos Rey de Gloria.

Amén y amén.

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