Queremos destinar parte de éste día a agradecer todo lo que hemos recibido de tí, todo  lo que hemos aprendido a tu lado y a celebrar contigo todas las batallas que juntos hemos ganado Señor.

 

No queremos ser olvidadizos, pesimistas o desagradecidos, pues cuando miramos a nuestro pasado, se hace evidente las múltiples ocasiones en que hemos visto tu mano obrando a nuestro favor.

 

Deseamos atender a lo que nos enseñó Jesús diciendo: “Lo más importante es que reconozcan a Dios como único rey, y que hagan lo que él les pide. Dios les dará a su tiempo todo lo que necesiten. Así que no se preocupen por lo que pasará mañana. Ya tendrán tiempo para eso. Recuerden que ya tenemos bastante con los problemas de cada día”.

 

Así como descendió el maná para cada día y fue recogido sin que faltara o sobrara para cada familia, también nuestra provisión diaria está preparada para ser entregada en nuestra mano.

 

El maná de hoy no sirve para mañana, ni el de mañana es entregado hoy. Antes bien, debemos comprender que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana. 

 

Los problemas de hoy, vamos a resolverlos con tu guía, con tu poder, con tu intervención y con tus recursos, pues somos conscientes de que todo lo que habita este planeta es tuyo.

 

Echaremos sobre ti Señor todas nuestras preocupaciones sabiendo que tienes cuidado de nosotros.

 

Es momento de echar mano a tus promesas, a la ayuda del Espíritu Santo y meditar sobre ellas para convertirlas en el antídoto contra la ansiedad por el mañana.

 

Diremos con el salmista: ¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío.

 

Te buscaremos de continuo durante el transcurso del día pues es el pueblo que conoce a su Dios el que se muestra fuerte en medio de las pruebas y el que descansa confiado en medio de situaciones que hacen temblar a otros.

 

Gracias por tu maravillosa paz, amor, bondad y misericordia Señor.

En Jesucristo, nuestro seguro descanso.

Amén.

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