Amado Jesús, te alabamos y te bendecimos por tu inmensa bondad.  Gracias por insistir en ayudarnos aún en los momentos en que nosotros te dejamos fuera de nuestras vidas.

Te alabamos Señor Jesús porque no te fuiste al ver que no atendíamos, sino que a pesar de que la espera hubiese podido ser larga, insististe, sabiendo que éramos nosotros quienes necesitábamos ayuda.

No somos nosotros quienes te buscamos, fuiste tú, quien conociendo nuestra condición, decidiste venir a nuestro encuentro para escuchar nuestra oración, para resucitar lo que habíamos dado por acabado.

Gracias por tus planes de bienestar para nosotros, por no reprocharnos, ni culparnos, sino tendernos tu mano para ayudarnos a levantar, por cubrirnos con el manto de tu gracia de modo que nuestra vergüenza no continúe expuesta.

Te adoramos y proclamamos tu nombre en alto, porque decidiste tomar nuestro lugar y darnos la salvación que ninguno de nosotros merecía.

Te damos gracias porque entendemos que contigo del lado de adentro de nuestro corazón, todo es posible, todo es completo.

Porque se cumple en nosotros lo que anuncian las escrituras, «tú eres nuestro pastor y ya nada nos hace falta» porque tú lo llenas todo, tú lo suples todo, ¡tú eres todo!

Te damos gracias por habernos dado tu Santo Espíritu, que nos acompaña en este proceso de transformación, que para algunos puede ser más rápido que para otros, pero todos necesitamos sentir que estás con nosotros hasta el fin.

Sabemos que tú eres fiel a tus promesas y que un día, nos sentaremos a la mesa contigo, para celebrar que hemos vencido juntos y que estaremos compartiendo la eternidad por siempre.

Gracias por multiplicar nuestras fuerzas, nuestros recursos, nuestro entendimiento, de modo que podamos llegar al destino que nos trazaste Señor.

Danos la capacidad de trabajar en armonía para encaminarnos hacia el progreso como pareja, como familia, como tu pueblo.

Te exaltamos y te bendecimos porque tuyo es el reino, el poder y el imperio.

Amén y amén.

Leave a comment