Demos gracias a Dios por la oportunidad de tener la sabiduría presente en tantas maneras y disponible para todos nosotros.

Todos tenemos la posibilidad de prepararnos para las siguientes etapas de nuestra vida que son inevitables.

Debemos sembrar, hoy, con inteligencia, lo que esperamos recoger mañana.  Seamos previsivos, no dejemos que lleguen los momentos difíciles sin habernos preparado para recibirlos y conseguir que nos afecten lo menos posible.

Somos frágiles y débiles, pero contamos contigo Señor, como castillo y fortaleza en el que podemos escondernos.

Si nuestra confianza está fundamentada en tí, no importa lo que pueda suceder a nuestro alrededor, sabemos que estamos guardados en tí.

Tu nos cuidas y nos proteges, esa es la certeza que nos da la tranquilidad ante cualquier situación o reto.

Rodéanos de las personas que nos ayuden a crecer, que nos motiven a continuar, que sumen a nuestras fuerzas y que nos apoyen cuando sea necesario.

Deseamos relacionarnos con las personas que apuntan al mismo norte, que comparten nuestra fe, que nos animan a buscar tu presencia y a confiar en tí, a través de sus propias vidas.

Queremos ser parte de quienes trabajan por el bienestar colectivo antes que por el personal, porque nos hiciste nacer en comunidad para aprender a relacionarnos y a compartir los unos con los otros, tanto las bendiciones como las cargas.

Necesitamos la guía de tu Santo Espíritu para limpiar cada rincón de nuestras vidas de todo lo que parezca pequeño pero pueda causar un daño que no alcanzamos a imaginar.

Que sea envuelto en la red del amor, todo egoísmo, toda maldad, todo pesimismo, toda duda, toda insensatez, todo deseo desordenado, de modo que podamos permanecer lejos de su efecto.

Queremos trabajar silenciosos como las arañas, pero siempre listos a contener lo que contamina nuestro corazón y nuestros actos.

Gracias buen Dios.  Te bendecimos hoy y cada uno de nuestros días.

En Jesucristo, Dios nuestro.

Amén.

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