¿Alguna vez se han sentido tentadas a huir de alguna situación o problema? Creo que la mayoría de nosotras ha vivido por lo menos un momento como ese.  

 

Agar es una egipcia, que según los historiadores, pasó de ser presuntamente una mujer reconocida en Egipto para convertirse en esclava de Sarai la esposa de Abram.

 

Después de haber salido de Egipto, la hermosa Agar se fue con la ejemplar pareja y durante diez años vivió junto a ellos, hasta que Sarai, como muchas de nosotras, en su afán por apresurar los planes que Dios había prometido a su familia, la usó como madre sustituta.

 

Sarai deseaba un hijo a toda costa, por muchas razones, sin embargo el fin no justifica los medios.  

 

Génesis 16:1-16 nos cuenta la historia en detalle: Abram tenía ya diez años de vivir en Canaán, y su esposa Sarai aún no había podido tener hijos. Pero como ella tenía una esclava egipcia que se llamaba Agar, le propuso a su esposo: «Abram, como Dios no me deja tener hijos, acuéstate con mi esclava y ten relaciones sexuales con ella. Según nuestras costumbres, cuando ella tenga un hijo ese niño será mío, porque ella es mi esclava».

 

Abram estuvo de acuerdo. Entonces Sarai tomó a su esclava y se la entregó a su esposo. Abram se acostó con Agar, y ella quedó embarazada.

Cuando Agar se dio cuenta de que iba a tener un hijo, comenzó a despreciar a Sarai. Entonces Sarai le reclamó a Abram:

—Tú tienes la culpa de que Agar me trate con desprecio. Recuerda que fui yo quien te la entregó. Ahora resulta que como está embarazada, se siente superior a mí. Por eso Dios habrá de castigarte.

 

Abram le respondió:

—Haz con ella lo que quieras, pues Agar es tu esclava.

Fue así como Sarai comenzó a maltratarla, y Agar se vio obligada a huir.

Cuando Agar llegó al manantial que está en el desierto de Sur, junto al camino que lleva a Egipto, Dios salió a su encuentro y le dijo:

—Agar, esclava de Sarai, ¿qué haces aquí? ¿A dónde vas?

 

Y ella le contestó:

—Estoy huyendo de mi dueña.

Entonces Dios le dijo:

—Es mejor que regreses con ella, y que la obedezcas. De mi parte, yo haré que tengas tantos descendientes, que nadie podrá contarlos.

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