Hay un llamado que retumba en nuestro corazón:  ¡Miremos a nuestro alrededor, veamos las maravillas que has creado a nuestro favor!

 

Miremos a Jerusalén y recordemos que en esas antiguas y preciosas calles, caminó nuestro Salvador, entregando todo de sí, por cada uno de nosotros, para darnos la oportunidad de tener una vida eterna a tu lado.

 

No podemos olvidarlo, debemos comunicárselo a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos, de modo que nadie olvide lo que has hecho por nosotros, sino que todas las generaciones por venir, sepan lo que tú has hecho por nosotros.

 

Todo lo que tu creaste es perfecto.  A quien tú eliges lo preparas para convertirse en  columna fuerte e inamovible, que testifique de tu existencia y tu grandeza Señor.

 

¡Éste es nuestro Dios!  ¡Nuestro Dios es un Dios eterno que siempre guiará nuestra vida!

 

No hay nada que temer, no hay enemigo ante el cual atemorizarse, no hay etapa en nuestra vida que supere la gracia suprema con la que tiendes tu mano para ayudarnos a superarla.

 

¡Este es nuestro Dios! El único e insuperable, que hace posible hasta lo que no ha subido a nuestro corazón.

 

El Padre inigualable que cuida de sus hijos con absoluta compasión.  El Rey diligente que vela del bienestar de sus siervos.  El Poderoso Guerrero que defiende a muerte nuestra causa.

 

Tu eres desde la eternidad y hasta la eternidad, nuestra mayor alegría y garantía.

 

Somos tu especial tesoro, vivimos bajo tu especial cuidado, por eso la obra de las tinieblas no tiene poder sobre nuestras vidas, tu protección sobre nuestras vidas no tiene contendor.

 

Hemos visto tu poder obrando a nuestro favor, hemos visto tu bondad; hemos visto tu cuidado e interés por nosotros, y que tú eres como un muro de fuego en torno nuestro, como ha estado en torno de Jerusalén y la gloria en medio de ella.

 

Tu eres nuestra esperanza porque tu reino permanece para siempre y nosotros somos parte de él.   Nuestra mente está llena de buenos pensamientos por lo que hemos oído y visto, y por lo que esperamos, porque todo proviene de tu incomprensible bondad.

 

Gracias eterno Dios, amado Rey de Gloria.

 

En Jesucristo.

 

Amén.

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