Ya no estaremos corriendo tras los espejismos que prometen satisfacción al lograr esto o aquello.  La frustración habrá hecho maletas porque sabe que descansamos en tu paternidad,  sobre tu promesa de permanecer siendo el mismo ayer, hoy y por siempre.

 

Las enfermedades serán vistas como lo que son,  circunstancias que afectan nuestro cuerpo, pero no debilitan nuestra fe.

 

Las crisis serán espacios de encuentro entre tu poder y nuestra debilidad, donde se forja nuestro carácter y se disipan nuestros temores, donde crece nuestra paciencia y aumenta nuestra compasión.

 

El escenario donde profundizamos en el conocimiento acerca tuyo y disminuye nuestra necesidad de protagonismo.

 

Las pérdidas se convertirán en una dinámica propia del desarrollo de nuestra vida y serán el recordatorio de que esta vida es temporal y las grandes ganancias son las  celestiales y eternas.

 

La alegría dejará de ser una chispa eventual para convertirse en la luz permanente que alumbra nuestra alma, por causa de la fidelidad de tus promesas.

 

Habremos entendido que el futuro glorioso se encuentra al otro lado de los obstáculos y luchas, pero contigo todas las victorias están garantizadas.

 

Descansamos en que tu harás lo que para nosotros resulta imposible y nosotros, de tu mano, haremos lo que está a nuestro alcance hacer.

 

Gracias por el mes de octubre, poderoso Dios, amado salvador, esperanza de nuestra vida.

 

En Cristo Jesús,

Amén  y amén.

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