Tu eres el Rey todopoderoso! ¡El Dios del universo!  Nada escapa de tu dominio, ni hay nada que pueda faltarnos siendo tus siervos, habiendo sido adoptados como tus hijos.

 

Tu amas a los que te amamos,  y te dejas encontrar  por todos los que te buscamos.

Estás siempre atento al clamor de nuestra voz y nuestras necesidades no te son ocultas.

 

Tus compañeras son la riqueza, el honor, la abundancia y la justicia. Porque eres dueño absoluto de todo.

 

Lo que tienes para ofrecer vale más que el oro y la plata. Pues nos entregas bienes imperecederos que nos acompañarán hasta mucho más allá de esta vida pasajera:

 

La bondad, el amor, la misericordia, el perdón, el dominio propio, la fé, la esperanza y la gracia que no pueden ser pagadas ni con todo lo que el hombre pudiera conseguir, ni pueden ser obtenidas sino es por que tu nos las entregas.

 

Siempre actúas con justicia, y llenas de riquezas a todos los que te amamos. es en nuestra mesa todo lo que precisamos cada día.

 

Así como vestiste los lirios del campo Así como pusiste a la puerta el pan del cielo a cada uno de los israelitas cuando estuvieron en el desierto, así mismo, pono con trajes que ni Salomón pudo comprar, así mismo cuidas de nuestro cuerpo, velas de nuestro techo y nos vistes para cubrirnos de las inclemencias del clima.

 

Tu eres un Dios Todopoderoso, no hay duda; pero eres también, un Padre ampliamente generoso y lo reconocemos en todo aquello de lo que nos rodeas.

 

Te damos gracias por todas las riquezas recibidas y por las que vendrán en el momento justo.  Gracias por las oportunidades que pones a nuestro alcance y por el vigor del que nos llenas para aprovecharlas.

 

Gracias por la experiencia conseguida en nuestras luchas, por el tiempo perdido que nos enseñó su importancia, por la madurez adquirida y por el pensamiento renovado.

 

El dinero en cantidad, es apenas el resultado de una riqueza bien administrada, pero la verdadera riqueza radica en confiar plenamente en ti y en tu inmenso amor Señor.

 

Te alabamos y te bendecimos, hoy y todos los días de nuestra vida. 

En Cristo Jesús, nuestra mayor riqueza.

 

Amén.

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