Nuestra restauración está preparada desde hace mucho, así como estuvo preparado el traje con el que el Padre recibió al hijo pródigo, para devolverle la dignidad que había perdido en medio de la inmundicia.

 

No envió a buscar el traje, el anillo y las sandalias,  cuando lo vió venir, sino que siempre los tuvo preparados, esperándolo, porque sabía que un día habría de regresar.  

 

Limpió sus pies y le dió un nuevo camino, limpió sus vestiduras y lo cubrió con su gracia, le devolvió la honra de ser llamado hijo y la autoridad que le pertenecía por ser heredero.

 

Somos muchos los que has traído al camino de la restauración y tenemos la certeza que llegará muy pronto el día en que tu reúnas a todas tus ovejas, a las lastimadas, a las descarriadas, a las maltratadas, para hacer de ellas un ejército fuerte, preparado y listo para rescatar a las que desean ser rescatadas.

 

Tú gobernarás sobre nosotros y tu gobierno jamás tendrá fin, por el contrario, ha empezado en esta existencia y se mantendrá sobre nosotros por siempre.

 

Tu gobierno está libre de tiranía, de abuso, de engaño y de dolor, como el que hemos vivido en este plano material, bajo el gobierno de los hombres.

 

Somos ciudadanos del reino de los cielos, extranjeros en esta tierra, esperando el momento en que podamos vivir completamente dichosos en tu presencia y verte cara a cara.

 

Mientras esperamos, nos aferramos a tu palabra, a tus promesas de restauraciòn, que nos renuevan las fuerzas, nos llenan de gozo, mudan nuestro pensamiento, se llevan nuestra angustia y nos dan el poder de perseverar hasta el final.

 

Gracias Señor, por haber hecho una obra tan completa a nuestro favor.  Te adoramos y te bendecimos, porque sólo tú mereces ser reverenciado.

 

En el precioso nombre de Jesucristo, nuestro Salvador.

 

Amén y amén.

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