Queremos ser almas confiadas en tu salvación, satisfechas en tu provisión y agradecidas, sea cual fuere la situación que debamos enfrentar, porque sabemos que tú estás con nosotros, hoy, siempre y para siempre.

 

Tu guardas nuestros corazones y nuestras vidas están escondidas en tí, por lo tanto, todas y cada una de tus bendiciones habrán de alcanzarnos y nos darán la vida de plenitud que siempre deseamos y soñamos.

 

Por lo demás, mantendremos nuestra mente enfocada en todo lo que es verdadero, en todo lo honesto, en todo lo justo, en todo lo puro, en todo lo amable, en todo lo que es digno de alabanza; si hay en ello alguna virtud, si hay algo que admirar, pensaremos en ello y lo estableceremos en nuestra mente. 

 

Nuestra sanidad en todo aspecto depende de que todo lo que aprendimos acerca de Cristo, lo que hemos visto y oído, sea puesto por obra y tu Señor, estarás con nosotros, velando por nuestro continuo bienestar.

 

Podemos hacerlo y vamos a lograrlo, porque no nos has dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.

 

Mantendremos firme y sin fluctuar la esperanza que profesamos, porque fiel es el que prometió, por lo tanto, no perdemos la confianza, que lleva consigo una gran recompensa. Lo que necesitamos es tener paciencia; para que, una vez que hayamos hecho tu voluntad, recibamos lo que tú has prometido darnos.

 

Te alabamos y exaltamos porque tuyo es la gloria y el imperio Señor.

Amén y amén.

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