ORACIÓN, DIOS TE HA DADO UNA IDENTIDAD, ERES SU HIJO

Querido Papá, te adoramos y te bendecimos en este día, nos alegramos en tí y te damos gracias por habernos elegido desde antes de que todo fuera creado.

Sabemos que nacimos por voluntad tuya y no de las personas, pues tu fuiste quien unió nuestro embrión en el vientre de nuestra madre y quien formó todas y cada una de las partes de nuestro cuerpo y las características de nuestra personalidad.

Gracias porque entendemos que somos hermosos, hechura de tus manos, tal como fue tu deseo y no estamos sujetos a un modelo humano para definir nuestra belleza.

Gracias por habernos puesto nombre, por habernos apellidado y vincularnos a tí, de manera que cuando cualquier persona nos conozca, pueda identificarnos como hijos tuyos.

Nos sacaste de la vergüenza de nuestros errores y de la dificultad de nuestras circunstancias adversas, que se convirtieron en un apodo que desdibujaba nuestra estima y nos diste un nuevo nombre para escribir a partir de él, una historia diferente, en la que somos reconocidos por tener tu semejanza.

Si podemos creer que nos pusiste nombre y nos adoptaste, no existe razón para sentirnos solos, desamparados o angustiados, porque tu estás atento de cada una de nuestras necesidades.

Somos nosotros quienes debemos vencer todo pensamiento contrario que nos ubica lejos de tu alcance o te coloca en una postura de juez inclemente, porque en verdad, te decidiste ser nuestro Padre.

Anhelamos el momento en que podamos estar frente a tí, para celebrar las bodas del Cordero, y ser uno sólo con Cristo, de modo que podamos compartir con Él, todos los privilegios y riquezas reservadas para quienes confiamos plenamente en tí.

Deseamos recibir nuestra piedra blanca, con nuestro nuevo nombre inscrito en ella, porque estamos convencidos, de que a partir de ese momento, todo lo que en esta vida nos produjo dolor, tristeza, angustia, preocupación o culpa, ya será parte de una historia dejada atrás.

Te adoramos grandioso Dios, amado Padre, por tu inmensa gracia con que nos acogiste en tu reino.  

Tu eres nuestro gozo, la mayor alegría de nuestras almas.

Bendícenos, guárdanos, protégenos, como lo hiciste y lo has hecho con tu pueblo, con tu iglesia, con tus hijos, desde siempre y hasta siempre.

Tu amor no tiene palabras suficientes que logren describirlo Señor.

Gracias por haberte fijado en nosotros, gracias por hacernos aceptables delante de su Santa Presencia.

En Cristo, nuestro Rey.

Amén.

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