Padre nuestro, perdónanos porque hemos demostrado nuestra duda en tí, cada vez que nos desesperamos por lo que será mañana, pues no hemos aprendido del todo, que tu tienes el control de nuestras vidas y que tu bondad jamás nos dejará abandonados ni desprovistos.

 

Ten misericordia de aquellos que no te conocen, de quienes te ven como un ser distante y despreocupado, porque sus vidas no tendrán paz hasta que logren encontrarte.

 

Bendecimos cada alimento puesto a nuestra mesa y te alabamos por el privilegio de tenerlos y de poder compartirlos con quienes lo necesitan.

 

No permitas Señor, que nuestro corazón confíe más en lo que podemos conseguir que en tí.  

 

No permitas que te entristezcamos con actitudes egoístas y desconfiadas, porque tu nos demuestras tu amor sin cansarte.

 

Gracias por ser nuestro consuelo en los días tristes y nuestro gozo en los días de alegría. 

 

No existe un día que vivamos sin que estés presente, por el contrario, somos nosotros quienes te dejamos de lado para enfrascarnos en nuestras propias incertidumbres.

 

No importa lo que haya de suceder mañana, porque también mañana estarás con nosotros, y lo que quiera que suceda, estará bajo tu cuidado e intervención.

 

Nos decidimos a vivir el hoy, sabiendo que ni las penas ni las alegrías son eternas, pero tu amor sí.

 

Cada día viene con las lecciones que deben ser aprendidas, con la provisión necesaria y con la bendición de ser mejorados con la ayuda de tu Santo Espíritu.

Gracias Señor, por el día de hoy.

 

En Jesucristo, nuestro alimento de vida.

 

Amén.

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