Queremos ser personas esforzadas y valientes, no temerosos y pusilánimes, que se rinden ante el primer problema y se detienen en el primer obstáculo.

 

Contamos contigo para enfrentar todo lo que se nos pueda presentar en la vida y de tu mano, la victoria está asegurada.  Tu harás temblar el mundo de ser necesario y estremecerás los montes que se interpongan en nuestro camino, para darnos paso seguro.

 

Lo mejor aún no ha llegado, habremos podido disfrutar de pequeñas ganancias, pero la gloria postrera vendrá para demostrarnos que solo habíamos visto pequeñas luces de aquello que es un completo resplandor.

 

Admitimos Señor que la responsabilidad de nuestra detención o retroceso ha sido enteramente nuestra.

 

Porque hemos querido que los triunfos se den en nuestros plazos de tiempo y conforme a nuestro plan de avance, pero tu sabes perfectamente lo que estás haciendo en nuestras vidas.

 

Tu puedes limpiar todos nuestros pecados, corregir todos nuestro malos hábitos y hacer de nosotros, personas preparadas para toda buena obra.

 

Debemos hacer tu obra con manos limpias y corazón puro, de manera que tu mensaje no esté contaminado ni manipulado por nuestros propios deseos y pensamientos, sino que sea completamente auténtico, para que cumpla el propósito para el cual ha sido enviado.

 

Que la incredulidad deje de ser uno de los mayores obstáculos que nos roban las bendiciones y limiten nuestra generosidad y trabajo por el bien individual y colectivo.

 

No estamos solos, así pensemos que somos un pequeño grupo de personas, los que confiamos enteramente en tí.  Si tu estás con nosotros, ya somos multitud.

 

De nada sirve agruparnos con las grandes aglomeraciones de personas para adoptar su pensamiento y comportamiento, si aún la humanidad junta, no representa ningún  punto de comparación contigo, con tu poder, con tu amor y con tu gracia.

 

Nos aferramos con alegría a la promesa de la carta a los Filipenses, capítulo 1 verso 6: Dios empezó el buen trabajo en ustedes, y estoy seguro de que lo irá perfeccionando hasta el día en que Jesucristo vuelva.

 

Estamos seguros y confiados, sin importar si podemos notar o no el avance, estamos convencidos que proseguimos al blanco, al supremo llamado, a la meta final, vamos rumbo al encuentro contigo Señor.

 

En el precioso nombre de Cristo, nuestro redentor.

 

Amén y amén.

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