Amado Papito,  te damos muchas gracias por sostenernos con tu mano derecha.

 

Por habernos amado de tal manera que nos sentimos tranquilos y confiados en tí, pues tu nos cuidas con especial amor.

 

Tu nos entregas, a través de nuestro vínculo contigo, todo lo que necesitamos para vivir vidas satisfactorias y edificantes.

 

No estamos desamparados porque tú siempre estás con nosotros en todo momento y lugar.

 

Dejamos en tus manos todo aquello que para nosotros resulta imposible y abandonamos todo pensamiento de preocupación, pues somos conscientes que todo lo puedes y cada respuesta que precisamos ya la dispusiste para entregarnosla.

 

Guarda nuestro corazón de todo orgullo, arranca toda raíz de prepotencia que haya empezado a crecer en nuestro interior, pues deseamos ser humildes y agradarte continuamente con nuestros pensamientos y actuaciones, como lo hizo David.

 

Perdonamos a todos los que nos han juzgado a la ligera, a quienes nos han menospreciado, a quienes se han levantado para señalarnos y hablar sobre nosotros mintiendo.

 

Aunque no podamos controlar la opinión que todas las personas tienen de nosotros, si podemos descansar confiados sabiendo que tu nos conoces y sabes la verdad de todas las cosas.

 

Reconocemos que lo único que podemos controlar es nuestro propio ser, nuestras reacciones y pensamientos, nuestras decisiones y palabras.

 

Queremos obedecerte, queremos someternos a tu voluntad como lo hizo David, de manera que podamos cumplir el propósito para el cual nos creaste.

 

Nos rendimos a tí.  Descansamos en tu pecho y nos consolamos en el sonido de tu corazón Señor.

 

En Cristo Jesús.

 

Amén.

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