Te pedimos que comprendan que la vida a tu lado es maravillosa, porque no depende de nuestra capacidad para lograrlo, sino del poder de tu Espíritu actuando dentro nuestro.

 

Que como nosotros, se acojan a la esperanza de una vida mejor, en esta vida y en la venidera, pues no estamos sujetos al pecado, ni a la culpa, pues ya hemos sido justificados por tu sacrificio Señor y también tenemos abogado para con el Padre, cuando por cualquier razón, volvemos a caer.

 

Una vida mejor porque tu perfecto amor, venció en nuestra vida todo temor y descansamos confiados en la certeza de tu cuidado.

 

Estamos revestidos con tu poder, este poder  que es el mismo que Dios mostró con tanta fuerza y potencia cuando resucitó a Cristo y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, poniéndolo por encima de todo poder, autoridad, dominio y señorío, y por encima de todo lo que existe, tanto en este tiempo como en el venidero.

 

No es apenas una fuerza motivadora o un entusiasmo ilusorio, es poder real, comprobable, efectivo, como el que logró resucitar el cuerpo destruido de nuestro Señor, después de haber sufrido tantos golpes, latigazos e incluso la muerte por crucifixión.

 

El mismo poder que lo arrebató de las garras de la muerte y le entregó un cuerpo glorificado con el que ascendió para sentarse a la diestra del Padre y dominar todo lo que existe, en este tiempo y en el venidero.

 

Ese es el mismo poder que nos sana de cualquier dolencia, que nos cura de la enfermedad, que transforma nuestra mente y nos lleva a un completo estado de bienestar interior.

 

Al ser uno contigo Dios, también tenemos el privilegio de estar en autoridad sobre tu misma creación, con una autoridad que nos permite cuidarla como debió ser desde el principio y no destruirla como lo hacen aquellos que no tienen entendimiento.

 

Es un poder que trae a orden nuestra vida, nuestro entorno, nuestra familia, todo en general.

 

Porque así como ese poder sometió todas las cosas bajo los pies de Cristo, y a Cristo mismo lo dio a la iglesia como cabeza de todo. Pues la iglesia es el cuerpo de Cristo, de quien ella recibe su plenitud, ya que Cristo es quien lleva todas las cosas a su plenitud.

 

Nosotros tenemos esa absoluta ventaja de ser dirigidos por la mente misma de Cristo, que no tiene margen de error, ni posibilidad de sabotaje alguno.

 

Una mente clara, entrenada en todo lo bueno, lo justo, lo perfecto y lo correcto. 

 

La presencia plena del Espíritu Santo es la que nos llena de fortaleza y poder para confrontar cualquier embate del enemigo. El Espíritu Santo es quien nos fortalecer y él es quien nos da poder.

 

Ya no dependemos de nosotros mismos o de nuestra fuerza, preparación o capacidad para lograr ser exitosos, sino que, tu Señor, en Cristo nos has dado todos los recursos necesarios para vivir una vida de victoria. 

 

Contamos con el poder de tu nombre, de tu palabra, de tu fe, de tu sangre, y por supuesto, de tu Espíritu. 

 

No existe una fortaleza superior a ésa, por lo cual te damos infinitas gracias Señor.

 

Te adoramos y te bendecimos por ello Papá.

 

En Cristo Jesús.

 

Amén y amén.

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