Oramos bajo la dirección del Espíritu, porque no sabemos pedir como conviene, pero Él conoce de qué tenemos necesidad y cuál es tu voluntad al respecto.

Oramos en la conciencia colectiva, sabiendo que el bien de todos es también nuestro propio bienestar.

Nos mantenemos alerta, sin desanimarnos y oramos por todo el pueblo santo.

Porque tú nos enseñaste que el avisado ve el mal y se aparta.  No andamos dormidos, entretenidos en las distracciones de la vida, sino atentos, preparados, listos como buenos guerreros, a defender el campo de batalla de nuestra fe.

Procuramos cada día tener un corazón puro, es decir lleno del amor y la compasión tuya Señor, que busca hacer tu voluntad y agradarte.

Caminamos cada paso confiados en tu protección y dispuestos a llevar el precioso mensaje y extender el reino de los cielos, compartiendo acerca de lo que has hecho en nuestras vidas, de manera que otros también sean alumbrados por la esperanza de la fé en tí. 

No juzgamos, restauramos, estamos puestos para ser facilitadores de fe, de amor, de bendición, de compasión y de salvación.

Fortalecemos nuestro ánimo en la tranquilidad que nos brinda el conocerte y disponer de todas la armas de defensa que nos entregaste, así como el poder que el Espíritu Santo hace efectivo en nuestro interior para lograrlo.

Te adoramos y te exaltamos porque sólo tú eres digno de recibir toda la alabanza, la honra y la gloria.

Levantamos tu nombre en alto y te proclamamos Señor y Rey de nuestras vidas.

Nos reconocemos tus hijos, tus siervos, ciudadanos de tu reino y guerreros de tu gran ejército.

En el nombre de Cristo Jesús.

Amén y amén.

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