Precioso Espíritu Santo, te adoramos y te bendecimos porque tú eres nuestro mejor amigo y compañero de camino.

 

En este día queremos reconocer tu invaluable labor en nuestras vidas, pues es gracias a ti, que nuestros ojos pueden ser abiertos para que podamos entender, cuál es la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios que debe ser establecida en nuestras vidas.

 

El desconocimiento puede ser la causa más poderosa que nos mantenga lejos de las bendiciones  de nuestro Señor, pues como dice en las escrituras: El pueblo de Dios se perdió porque les faltó conocimiento. 

 

Muchas personas van por la vida sufriendo por no hallar la solución correcta, porque aún cuando esté a su mano, la procuran en los lugares donde no se encuentra.

 

Pese a que todos sabemos que nuestro Dios es la fuente de todo conocimiento, sabiduría y solución para todo asunto de nuestras vidas, en ocasiones preferimos tomar decisiones riesgosas, siguiendo apenas nuestro instinto.

 

Resulta sumamente torpe Señor, que descartemos la oportunidad de buscar tu consejo, para hacer lo que nos parece conveniente, porque aún luchamos con nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia.

 

Es por eso que algunos, buscan llenar sus mundos  de distracciones, posesiones y actividades que hagan ruido suficiente para intentar apagar la voz de angustia que brota de sus almas desorientadas.

 

La ignorancia es la vía directa al error y por eso tú viniste a nuestras vidas a transformar todo nuestro ser, de manera que la venda que nos impedía ver la vida de manera correcta, sea quitada de nuestros ojos.

 

Queremos mantener nuestro corazón dispuesto a aprender todo lo que es necesario para convertirnos en la imagen y semejanza de Cristo, de manera que nuestro propósito en esta tierra pueda ser cumplido.

 

En nosotros está siendo cumplida la promesa que Jesús nos hizo en el capítulo 16 del evangelio de Juan diciendo: Cuando venga el Espíritu Santo, él les dirá lo que es la verdad y los guiará, para que siempre vivan en la verdad. 

 

Él no hablará por su propia cuenta, sino que les dirá lo que oiga de Dios el Padre, y les enseñará lo que está por suceder.

También les hará saber todo acerca de mí, y así me honrará. Todo lo que es del Padre, también es mío; por eso dije que el Espíritu les hará saber todo acerca de mí.

Gracias Espíritu Santo, por entrar a  nuestra vida para enseñarnos la verdad, porque sólo a tí te pertenece el poder hacerlo.

 

El mundo puede ofrecernos mil versiones acerca de todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero la verdad absoluta proviene de ti, porque Cristo es la verdad y en la medida en que tú nos revelas Su persona y Su obra, vamos siendo  libres del yugo de la ignorancia.

 

Hay mucho por aprender, porque las maravillas y los misterios de Dios son grandes y profundos, pero sólo llegaremos a ellos con tu ayuda y guiados por tu mano.

 

Por eso, las escrituras nos invitan a disponer nuestro corazón y nuestro entendimiento para desaprender los errores que sostenían nuestra vida y adoptar las enseñanzas que tú tienes dispuestas para entregarnos.

 

La carta a los Romanos, capítulo 12, en sus primeros tres versos nos hace una recomendación importantísima: Por lo tanto, amados hermanos, les ruego que entreguen su cuerpo a Dios por todo lo que él ha hecho a favor de ustedes. 

 

¿Cómo podríamos saber todo lo que Dios ha hecho por nosotros, si tú no nos lo revelaras? No hay manera.  Pero nos sentimos felices, porque tú nos enseñas con claridad lo que Dios había planeado de antemano para nosotros y la manera en que podemos ser rescatados de nuestros pecados y de sus consecuencias, pero primeramente del error.

 

Queremos entregar todo nuestro ser, así como Cristo entregó el suyo, para hacer lo bueno.  

 

Entregarnos a la bondad, a la piedad, al amor, a la tolerancia, a la comprensión, a la solidaridad y al perdón, como lo hizo Jesús mostrándonos el camino a seguir.

 

Jesús fue el mayor ejemplo de lo que cada uno de nosotros debe imitar en la vida.  Su gran amor y compromiso a obedecer al Padre, son la inspiración que nos impulsa a cambiar nuestras actitudes erradas por las correctas.

 

Tu deseas que nuestra vida sea un sacrificio vivo y santo, la clase de sacrificio que a él le agrada. Esa es la verdadera forma de adorarlo.

 

Al llamarlo sacrificio, te refieres a una entrega absoluta, en la que nos apartamos de las conductas equivocadas y adoptamos las correctas, aunque nuestra naturaleza carnal se revele en contra de ello.

 

Son nuestras decisiones diarias las que demuestran lo que hemos aprendido cerca tuyo Señor, pero principalmente, lo que estamos albergando en nuestro corazón.

 

La forma en que debemos adorar al Padre, es en Espíritu y en Verdad, es decir, guiados por ti Espíritu Santo para hacerlo de la manera correcta, y lleno nuestro corazón de la Verdad que es Cristo.

 

Adoramos al Padre desde cada acto que refleja la conducta de Cristo, pero que nace en nuestro corazón, gracias a que tú, Espíritu Santo, vas transformando nuestro pensamiento, nuestro entendimiento y nuestro actuar, de manera que ya no vivimos para complacer nuestra naturaleza carnal, sino para ser reflejos del amor de Dios.

 

Tu consejo continúa orientándonos: No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.

 

Toda transformación en nuestra vida inicia en el cambio de nuestros pensamientos, porque es a partir de ellos que tomamos nuestras decisiones, ejecutamos nuestros actos y formamos nuestros hábitos.

 

Mientras nuestra mente permanezca enfrascada en los conceptos e ideales de las personas que no te conocen, tu voluntad no va a parecernos buena, porque va en contra de lo que ellos practican; ni agradable, porque no complace los deseos carnales; ni perfecta, porque va en contravía a lo que ellos quieren hacer.

 

Solo quienes te amamos en verdad, estamos dispuestos a imitar la conducta y las costumbres de Cristo, para que también la vida de Cristo se manifieste en cada uno de nosotros.

Cuando aprendemos acerca de Jesús, podemos revisar nuestras vidas y comprobar que somos personas imperfectas, amadas por un Dios perfecto, que a través de la intervención tuya Espíritu Santo, trabaja incansablemente por perfeccionarnos.

Por eso, ninguno de nosotros nos creemos mejor de lo que realmente somos, sino que somos realistas al evaluarnos a nosotros mismos, haciéndolo según la medida de fe que Dios nos dió.

Entendemos que delante de tí, somos todos pecadores, todos precisamos ser rescatados y todos tenemos la oportunidad de vivir una vida de intimidad contigo, pero se desarrollará de acuerdo a nuestro deseo particular.

Debemos vivir entendiendo que somos mucho más que cuerpos temporales para complacer, también somos almas eternas que necesitan permanecer vinculadas a tí Señor.

 

Necesitamos aprender a organizar las prioridades de nuestra vida de manera correcta, para que nuestra vida esté enfocada en el crecimiento espiritual, pero todo será hecho de manera correcta, bajo la guianza del Espíritu.

 

No perseguimos modelos humanos para imitar, ni basamos nuestras vidas en lo que podamos conseguir o demostrar a los demás, sino en la evidencia de las virtudes que nos hacen verdaderos creyentes y nos liberan progresivamente.

 

Somos liberados de la culpa, sabiendo que Cristo murió para pagar el costo de nuestro pecado.

 

Somos liberados del resentimiento, porque aprendimos a perdonar, como también nosotros fuimos perdonados.

 

Somos liberados de la enfermedad, porque entendemos que Cristo llevó en sus heridas todas y cada una de las dolencias y padecimientos que puedan venir en nuestra contra.

 

Somos liberados de la maldad, porque entendimos que Cristo venció todo poder de las tinieblas y ya no estamos bajo la autoridad de las tinieblas, sino fuimos trasladados al reino de la luz.

 

Somos liberados de la necesidad, de la escasez, de la ruina, porque en tí tenemos la provisión para todas nuestras necesidades y somos coherederos de todas las riquezas en gloria en Cristo Jesús.

 

Somos liberados de la condenación, porque Cristo resucitó y con su sangre nos lavó para que podamos tener una vida gloriosa después de haber abandonado estos cuerpos mortales.

 

Gracias Espíritu Santo por la libertad que traes a nuestras vidas cada día y por ayudarnos a entender los insondables misterios de Dios.

 

Te amamos y te adoramos con todo nuestro corazón y nuestra alma, porque tú eres quien merece la honra, la gloria y la alabanza.

 

En Jesucristo, la Verdad manifiesta.

 

Amén y amén.

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