Poderoso y magnífico Señor, te adoramos y te bendecimos desde lo profundo de nuestro corazón.

 

Gracias por abrir nuestro entendimiento, de manera que podamos comprender un poco más acerca de aquello que una oración tiene la capacidad de lograr.

 

Sentimos la imperiosa necesidad de acercarnos a tí, de buscar nuestra comunión contigo, a través de la oración, pues cuando la expresamos, tenemos la certeza de que tú estás escuchándonos y enfilando todos tus recursos para entregarnos la respuesta, mucho mayor a lo que podamos imaginar.

 

Te alabamos porque sabemos que al acercarnos a ti, tu das curso a todo un plan de regeneración que renueva nuestros pensamientos y nos convierte en seres que reflejan tu semejanza Señor.

 

Gracias por los múltiples ejemplos acerca de la gran diversidad de respuestas que podemos alcanzar a través de la oración, pero principalmente, de la inmensidad de tu bondad, que está siempre dispuesta a obrar en favor nuestro.

 

Tu eres un Padre excepcional que merece ser engrandecido, porque tu amor sobrepasa todo lo que nosotros podríamos llegar a merecer.

 

Tú recompensas a quien se acerca a tí, con la plena convicción de que además de existir, de ser real, eres absolutamente bueno y todo lo que proviene de tu mano, es un regalo ideal, un don perfecto, una bendición que no añade tristeza con ella.

 

En la oración, en la comunicación contigo se halla todo lo que podamos llegar a necesitar en ésta y mil existencias más.

 

Bendecimos tu santa presencia en nuestra vida, nos sentimos felices de haber sido constituidos tus hijos, tu pueblo, ciudadanos de tu reino, pues no existe un ser que pudiera llegar a compararse contigo, Rey nuestro.

 

Gracias Padre de toda Gloria.

 

En Jesucristo,

 

Amén y amén.

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