Papá Dios, qué diferente es nuestra vida cuando confiamos en tí. Sabemos que nos elegiste desde antes de la fundación del mundo y nos llamaste a través de Cristo para entregarnos el bienestar que de antemano preparaste para nosotros.

Posiblemente algunos de nosotros no hayamos tenido la oportunidad de disfrutar de una paternidad bien ejercida y por esa misma causa, te veamos como un Padre distante o indiferente, pero tu palabra nos enseña, que tú estás tan cerca nuestro, que decidiste habitar en nuestro corazón.

Gracias por todo lo que nuestro amado Señor Jesús vino a enseñarnos, porque nuestra vida sin tu orientación, compañía y ayuda, sería un completo caos.

No queremos desmayar, no queremos desistir, no queremos abandonar nuestra causa, aún cuando la espera pueda llegar a hacerse larga.

Si la viuda se sintió segura de recibir una respuesta de un hombre malvado, ¿Cómo podríamos nosotros no estar seguros de que habremos de tener la tuya?

Tu eres tan bueno, que no tienes presente nuestra duda, nuestra debilidad, nuestra impaciencia, ni nuestro doble ánimo, sino que por el contrario, a través de tu preciosa palabra nos instas continuamente a no desistir.

Tu acción a favor nuestro está  a la distancia de la oración, por eso hoy ponemos delante tuyo nuestro corazón, sabiendo que eres compasivo y tierno con quienes te amamos y confiamos en tí.

Queremos ver derribadas las murallas de presión que se levantaron en nuestra contra en medio de toda esta situación desesperanzadora que vive el mundo entero.

Queremos superar nuestras pérdidas y vencer el fracaso que nos arrebata la tranquilidad y la confianza en un futuro mejor.

Descubrimos que hay un camino que nos conduce al lugar del poder, hay una manera de hallar la solución segura a nuestros problemas, existe una respuesta a la insoportable presión y esa respuesta es la oración, el sencillamente clamar a ti, ya que no hay otro en quien podamos descansar. 

Te adoramos y bendecimos tu santo nombre, porque sólo tú eres bueno Señor.

En Jesucristo nuestro redentor

Amén y amén.

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