Tu nos conoces a la perfección Señor, tú sabes cuáles son los temores que nos abruman, tu has visto nuestras debilidades y tu eres quien nos entregó los dones, los talentos y  las fortalezas que nos hacen individuales y únicos.

 

Tú nos formaste en el vientre de nuestra madre y nos pusiste nombre, de modo que no somos uno más del montón, sino tus hijos, a quienes identificas con total claridad.

 

Es inevitable pasar por esta existencia sin vivir etapas de adversidad, sin sufrir pérdidas, sin padecer enfermedades, sin afrontar retos que nos ayudan a creer y a crecer; pero lo que es verdaderamente importante, es que no tengamos que vivirlas, ni enfrentarlas solos, porque tú siempre estás dispuesto a recorrerlas con nosotros y a darnos la salida oportuna a cada una de ellas.

 

Porque ante tus ojos, somos de gran estima, y somos honorables, y tu nos amas, tanto, que diste a tu propio Hijo en rescate por nuestras vidas.

 

Y si no escatimaste lo más preciado para tí, ¿Cómo podríamos creer que habría algo que estarías dispuesto a negarnos?

 

Tu eres el mismo desde siempre y para siempre, quien existe desde la eternidad y hasta la eternidad.  Tu no cambias,  tu fidelidad no se agota, no tiene límite, tu bondad está al alcance de un corazón humilde y quebrantado.

 

No hay quien pueda salvarnos sino tu, no hay quien pueda darnos verdadero ánimo y aliento que sean permanentes y efectivos para enfrentar la vida y salir triunfantes de ella.

 

Tu eres nuestro Consolador, nuestro Castillo, nuestra Esperanza, nuestra Paz, nuestro todo Señor.

 

Por tanto, no habremos de desmayar, sabiendo que en tí hallamos respuesta, apoyo, amor, perdón, bondad y gracia abundantes.

 

Hoy te entregamos toda carga que nos pesa, hoy abandonamos a tus pies todo lo que nos incapacita, todo lo que nos ata y todo lo que nos afana, porque sabemos que tú eres nuestro descanso seguro.

 

Tu nos entregas la paz que permanece en medio de las más cruentas tormentas, una paz que no conoce el mundo porque proviene de tí y es entregada a todos aquellos que en tí permanecemos confiados.

 

Llegará Señor, el momento de nuestra recompensa, ese tiempo en el que todo lo que hoy nos resta vigor, deje de ser y seamos enteramente dichosos a tu lado.

 

Gracias Padre bueno, te amamos con todo nuestro ser.

En Jesucristo, nuestro mayor ejemplo de fortaleza.

 

Amén y amén.

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