Señor nuestro, Padre de toda bondad, te rogamos que nos perdones porque no hemos sido maduros para aceptar nuestras imperfecciones o las de nuestro prójimo.

 

Perdón por haber dilatado la reconciliación, tratando de justificarnos, cuando lo que debimos hacer es extender el perdón sin restricciones como lo hiciste tú con nosotros.

 

Perdón por todos los momentos que perdimos al lado de nuestros seres queridos, porque preferimos enfrascarnos en el orgullo y el enojo.

 

Limpia nuestro corazón de toda raíz de amargura, de todo enojo, de toda mala intención con la que dañamos a otros, voluntaria o involuntariamente.

 

No queremos ser homicidas, no queremos matar nuestras relaciones, ni la estima de los otros con nuestras ofensas.  No queremos romper los vínculos con nuestro prójimo y mucho menos contigo.

 

Nuestro deseo es vivir para agradarte, para estar en paz con todos, para entender el dolor propio y ajeno y ser agentes restauradores.

 

Perdón por las veces que retuvimos el bien que pudimos haberle brindado a los otros, porque pensamos que debíamos cobrar la ofensa de algún modo, porque no tuvimos compasión o porque nos faltó confianza en tu provisión y bondad.

 

Entendemos que somos imperfectos igual que nuestro prójimo, pero que eso no representa excusa para aferrarnos a esa condición y ser incitadores de división.

 

Perdón por las veces en que sembramos resentimiento en el corazón de otras personas para que se solidarizaran con nuestro dolor producido por una ofensa sin resolver.

 

También nosotros hemos herido a otros de diferentes formas, y tu deseo es que aprendamos a ver a nuestro hermano como a nosotros mismos, con el mismo amor, consideración, misericordia y paciencia que deseamos ser vistos.

 

Aunque vivamos en medio de una sociedad en la que imperan los malos tratos, la indiferencia, el rencor y los pleitos, no queremos hacer parte de ella, sino traer libertad y sanidad a través de la reconciliación, porque somos ciudadanos del reino de los cielos.

Tu fuiste quien buscó reconciliarnos contigo y nosotros debemos ser replicadores de tu conducta Señor.

 

Gracias por darnos la sabiduría para hacerlo, el valor para enfrentarlo y la capacidad de comprenderlo.

 

En el nombre de Jesucristo

 

Amén.

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