Infinitas gracias Padre santo porque tu eres bueno y para siempre es tu misericordia.

Tu eres, Señor, un juez justo que reconoce los derechos de la gente que sufre. Nuestro dolor no te es ajeno, ni se queda impune, porque tu eres quien vela por nuestro bienestar.

Tu nos has dado a conocer tus planes y lo que esperas de nosotros, por lo tanto, queremos interesarnos por cumplir con los deberes que como tus hijos tenemos.

Tu eres un Dios muy tierno y bondadoso; que no se enoja fácilmente, pues es muy grande tu amor.

Estás siempre dispuesto a ayudarnos.  Tu paciencia y misericordia es la que nos ha guardado hasta éste día, aún cuando hayamos renegado en tu contra o hayamos sido desagradecidos con todo lo que nos has dado.

Tu conoces nuestras debilidades, torpezas y limitaciones y es tu inmenso amor el que aguarda hasta que logramos recapacitar.

No nos castigaste como merecían nuestros pecados y maldades.  Sino que extendiste ampliamente tu perdón para romper las ataduras que la culpa nos impuso.

Nos reconciliaste contigo mismo y nos diste la oportunidad de ser hechos tus hijos.

Apartaste de nosotros los pecados que cometimos del mismo modo que apartaste los extremos de la tierra.  De modo que no puedan perpetuar su daño sobre nuestra vida y seamos transformados en personas conforme a tu propósito y conforme al deseo de tu corazón.

Tu amor para con quienes te honramos, es tan grande como el universo mismo y tu ternura es tal como la de un buen Padre con sus pequeños.

Tu nos conoces bien, por eso nos tienes tanta paciencia, sabes que nuestra vida es pasajera como una flor del campo que hoy es y mañana ya no está.

Sin embargo, nosotros somos los que no hemos comprendido lo fugaz de la vida y la desperdiciamos en quejas, lamentos y desánimo.

Tu das la recompensa debida a quienes confiamos en tí y prolongas tu misericordia y bendiciones sobre nuestras siguientes generaciones.  Eres fiel a tu pacto y cumples lo prometido.

Tu eres el rey del cielo, el dueño de todo lo que existe y nos darás a cada uno, conforme a lo que tu sabes que necesitamos.

Por eso debemos ser agradecidos y alabarte con todo nuestro ser.  Apreciar las circunstancias de las que estamos rodeados y hallar que en medio de todas ellas siempre hay mucho por lo que agradecer.

 

La gratitud es una luz que embellece todo a nuestro alrededor y le da sentido a nuestra vida Señor.

 

Hoy te decimos, mil y mil gracias por todo, confiamos en ti, en tu buena voluntad y en que harás lo mejor por nosotros, siempre.

 

En Jesucristo nuestro Señor.

 

Amén.

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