Hoy señor vengo a tu presencia cargado, afligido y lleno de angustia por los altibajos de mi vida y por cada momento difícil que no supe llevar a tus pies. He cargado por tanto tiempo en mis hombros el dolor y el enojo, y con ellos ha venido la amargura y la ira, pero hoy me acerco a ti fuente de toda paz y verdad, porque en ti encuentro libertad para mi alma. En ti Dios mío puedo descargarme y descansar sabiendo que tú tienes cuidado de mí y no eres ajeno a lo que hoy aqueja mi corazón.

Siento dolor por cada vez  en la que no he podido controlar mi ira y he terminado causando dolor y daño a las personas que más quiero, solo tú sabes señor que cada vez que me he dejado llevar por la ira mi corazón se entristece y quisiera echar el tiempo atrás para enmendar el daño que he hecho, pero bendito seas tú mi Dios que das nuevas  oportunidades a los que somos tus hijos, que no tienes en cuenta mi maldad y me miras con amor, Señor enséñame a ser como tú, lento para la ira y grande en misericordia, soy consciente que de toda palabra ociosa, maldiciente, y sin propósito que salga de mi boca daré cuenta en el día del juicio, pero creo firmemente que tu perdonas mis pecados, por esto hoy me acerco a ti reconociendo ese evangelio reconciliador al que tú me has llamado por medio de tu hijo Jesús para reconciliarme contigo pero también con los míos. Confiado en tu sangre redentora te pido perdón  por cada palabra llena de odio, rencor y amargura que salió de mi boca, perdóname Señor por cada actitud hiriente con la que hice sentir mal a cada persona que estuvo a mí alrededor.

Ayúdame Señor a cambiar mi actitud a ser ese agente reconciliador y pacificador, que cada persona al verme, en mi casa, en mi trabajo y en cualquier circunstancia pueda ver en mi forma de hablar y de actuar la verdad de tu mensaje, ayúdame siempre a pagar al mal con bien, a siempre tener una respuesta amable, que pueda ser un ejemplo de vida en ti. Sé señor que no me has dado espíritu de cobardía  sino de poder de amor y de dominio propio para controlar lo que sale de mi boca, pero consiente estoy que solo no puedo y que necesito ser lleno de ti, por esto Padre toma el control de mi vida para ser capaz de superar toda actitud que viene a robar, matar y destruir el diseño que Dios tiene para mí.

Te entrego toda rabia, amargura y enojo, a cambio de esto recibo a tu espíritu santo ese que trae de amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Decido vivir con alegría aun en los tiempos que sienta que quiero estallar de rabia, te pido que me ayudes y me des tu calma, que pueda pensar en ti y en tu bondad antes de utilizar mi boca para maldecir y herir pues anhelo que cada persona que me vea pueda verte a ti.

Te entrego toda preocupación y angustia del día a día y renuncio a coleccionar en mi corazón las aflicciones, al contrario decido llevarlas una a una a tu presencia y tomar tu carga que es fácil y ligera, mi mente y mis sentimientos estarán enfocados en ti y en tu verdad,  ayúdame a reenfocar siempre mis pensamientos a todo lo bueno, justo y agradable, a deleitarme en lo que tú me has dado en mi familia, en mi trabajo, en mis amigos y en cada área en la que tú me has dado la bendición de desenvolverme

Gracias Dios porque sé que suplirás todo lo que necesito para salir victorioso de esta prueba al ser libre de la ira, recibo tu paz esa que sobrepasa todo entendimiento, esa que no encontraré en otro lugar sino al rendirme a tu presencia. Gracias por siempre estar atento a cada una de mis súplicas y estar dispuesto a llenar una vez más mi vida con tu paz, en el nombre de Jesús.

Amén.

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