Las colmenas son una de las piezas de arquitectura que me llamaron la atenciĆ³n desde siempre.

La laboriosidad y dedicaciĆ³n que requiere dicha construcciĆ³n debĆ­a provenir de un animal igual de particular: La abeja

La abeja es un animal de admirar. Su capacidad para producir un manjar alimenticio altamente nutritivo, tal cual es la miel; su laboriosidad para crear un nido complejo, organizado y fuerte, y su determinaciĆ³n para proteger su colmena con su propia vida, le merecen un aplauso de pie.

No es casualidad que DĆ©bora, traduzca precisamente: abeja.

Ella, la Ćŗnica jueza profetisa de Israel, a quien el libro de Jueces le dedica los capĆ­tulos 4 y 5Ā  para retratarnos su persona y sus hechos en detalle.

Una mujer productiva, laboriosa, dedicada a traer alivio y orden a su pueblo a travƩs de su trabajo intermediador, y una valiente guerrera dispuesta a protegerlo.

El verso cuatro inicia diciƩndonos: Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, DƩbora, profetisa, mujer de Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de DƩbora, entre RamƔ y Bet-el, en el monte de Efraƭn; y los hijos de Israel subƭan a ella a juicio.

La palmera es un Ć”rbol que permanece siempre hermoso sin importar la estaciĆ³n del aƱo. Un Ć”rbol que se levanta para dar su fruto en lo alto, siempre dirigido en especial verticalidad hacia el cielo, lo cual tipifica una conexiĆ³n permanente con el Creador, ademĆ”s de ofrecer frutos de mĆŗltiples usos.

Las palmeras, aparecen como referencia de realeza en varios pasajes de la biblia.Ā  Y fueron precisamente las ramas de ellas, las que se agitaron en la entrada gloriosa de nuestro SeƱor JesĆŗs a JerusalĆ©n.

Ella se sentaba bajo una palmera que estaba identificada con su propio nombre, como seƱal de la verticalidad de su relaciĆ³n con Dios.

Una mujer de una fortaleza increĆ­ble, que provenĆ­a de su estrecho vĆ­nculo con Dios.

Sin duda alguna, era una mujer como pocas, desde que podƭa ser considerada digna de mediar los asuntos mƔs importantes entre el pueblo de Israel.

Su esposo debiĆ³ sentirse sumamente orgulloso de haber obtenido el amor de tan preciosa joya.

Ella no solo estaba al frente para gobernar a Israel y reparar el daƱo moral y social, que se habƭa producido a causa de su desobediencia, sino para entregar los mensajes que Dios enviaba a su pueblo.

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