Queremos ver tu gloria Señor en nuestras vidas.  Vivimos tiempos complicados, experiencias duras que no habíamos imaginado han venido a nosotros para perturbar nuestro corazón, pero sabemos que con tu ayuda podremos salir victoriosos de ellas.

 

La enfermedad vino para robar nuestro sueño y mantener cautivo nuestro pensamiento, pero tenemos la certeza de que tu eres quien sana todas nuestras dolencias.

 

Las crisis económicas aparecieron para llenar de ansiedad nuestro presente y nuestro futuro, pero tu no dejas desamparados a tus hijos y tu provisión está puesta cada día a la puerta de los que te aman.

 

Los divorcios amenazan nuestros hogares pero tu velas por los hogares ofreciéndonos perdón, reconciliación, amor y nuevas oportunidades para restaurar aquello que parece perdido.

 

Los vicios acechan nuestros hijos, nuestras vidas, pero tu Santo Espíritu nos da la sabiduría y el poder  para rechazarlos y para abandonarlos, incluso.

 

La amargura intenta colarse para mostrarnos un panorama de desaliento, pero nos centramos en todo lo bueno que hemos recibido de tu mano y en la promesa que nos hiciste de llevarnos a un futuro de bien y no de destrucción.

 

Las pérdidas de nuestros seres queridos nos rompen el corazón con su ausencia, pero tu nos consuelas sabiendo que un día nos volveremos a ver, en tanto ellos ausentes en el cuerpo, están presentes delante tuyo Señor.

 

Ayúdanos Señor a recordar que hasta el cadáver de un león puede albergar un panal de miel para alimentarnos, así como la situación que sea, por adversa que parezca, siempre contendrá alimento que nutra nuestra madurez.

 

Cada vez que sintamos desfallecer, permite que podamos recordar tantos ejemplos de superación, tantos testimonios en los que tu poder se hizo evidente para convertir en bien, aquello que amenazaba con acabar con todo.

 

Que la promesa de Romanos  capítulo 8 verso 28 se convierta en estandarte de nuestra fe:  Sabemos que Dios obra en toda situación para el bien de los que lo aman, los que han sido llamados por Dios de acuerdo a su propósito.

 

Nos disponemos a tener la mejor actitud para que todo lo que nos suceda termine contribuyendo con nuestro crecimiento espiritual y saque lo mejor de cada uno de nosotros, Señor.

 

Deseamos aprender cada vez más de tí, queremos buscarte en intimidad, correr a tu encuentro y hallar la paz y la orientación que nuestra vida precisa.

 

Bendecimos a todas las personas que nos han motivado a ser mejores.

 

Te damos gracias por Cristo, por todos los hombres y mujeres de bien que nos dan gran ejemplo de fortaleza y perseverancia en medio de las dificultades.

 

Te adoramos Padre, te amamos, te bendecimos.

 

En el nombre de Jesús.

Amén.

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