Padre de toda gracia y bondad, te doy infinitas gracias por el amor tan inmenso con el que nos has acogido a pesar de nuestros errores y de nuestras decisiones equivocadas.

Tú celebraste el día que arrepentidos nos acercamos a tí, mientras que nosotros nos sentíamos sumidos en la vergüenza de haber pecado y haber tomado la vida que nos entregaste para desperdiciarla.

Hoy te pedimos que nos perdones por los días, meses o años de ausencia, en los que estuviste aguardando nuestro regreso, en tanto nosotros pensábamos que estábamos haciendo lo mejor con nuestras vidas y sólo causamos dolor en tu corazón y el nuestro.

No existe un tesoro más grande que tus brazos abiertos, dispuestos siempre a recibirnos pese a nuestros desaciertos y torpezas.  

Tu amor es paciente, es benigno; no es envidioso; no es presumido ni orgulloso; no se comporta con rudeza ni es egoísta ni se enoja fácilmente ni guarda rencor; no le gustan las injusticias y se regocija cuando triunfa la verdad,  disculpa todos los errores, siempre confía en la persona amada, espera de ella lo mejor y todo lo soporta.

Es por eso que, como dice tu palabra,  un día se dejará de profetizar y de hablar en lenguas, y el saber ya no será necesario, pues sabemos muy poco y profetizamos imperfectamente; pero siempre existirá el amor. Y cuando tú Señor nos hagas perfectos, lo que es imperfecto desaparecerá.

Sabemos que mientras haya vida tenemos la oportunidad de recapacitar y reconocer nuestras fallas, con la certeza que al hacerlo, tú nos darás una nueva posibilidad de empezar de nuevo, porque un corazón humilde y contrito, tú no desprecias.

Gracias porque el amor siempre triunfa, prevalece, permanece y lucha por entregarnos lo mejor, aun cuando no lo merecemos.

El sacrificio de Cristo nos dió el mayor regalo que podríamos recibir, nos trajo liberación, salvación, sanidad y provisión gratuitamente.

Te adoramos Señor, bendecimos tu precioso nombre y te alabamos porque no hay un Dios como tú, no hay quien se te compare, no existe un amor que pueda superar el tuyo.

Gracias Padre eterno, en Cristo Jesús, el amor manifiesto.

Amén y amén.

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