Señor y Padre nuestro, nos presentamos delante de ti para adorarte y bendecirte por haber sido tan bueno con toda la humanidad desde el inicio de los tiempos.

Hemos sido voluntariosos y hemos cometido los mismos errores unos y otros, desde nuestros primeros padres hasta ahora, sin embargo tu inmenso amor no se ha agotado, ni tu paciencia para con nosotros nos ha dejado fuera de tu gracia, sino por el contrario, te has complacido en ayudarnos.

Tenemos demasiado en común con cada personaje de la Biblia y con su manera de afrontar la vida, nos vamos identificando con sus temores, con sus torpezas, pero también con la esperanza de un futuro mejor a tu lado.

Tú has demostrado ampliamente tu fidelidad porque has permanecido siendo el mismo desde los siglos y lo serás hasta los siglos que hacen falta por venir.

Por tanto, sabemos que así como viniste a ayudar a Adán y a Eva, buscando la manera de resolver el problema en que ellos se habían metido, también vienes en nuestra búsqueda para que juntos resolvamos los nuestros.

Gracias por haber provisto el sacrificio y a través de él, la cobertura que necesitamos para que nuestra vergüenza pase y la salvación nos cobije llevándonos a una vida diferente, pero cerca tuyo.

Queremos tener en común con Job la entereza de su fe que pese a las múltiples pruebas permaneció firme en ella, sabiendo que con la prueba, tú le darías también la salida.

Queremos tener en común con David su capacidad de agradecer por todo lo recibido sin importar qué tan bueno pudiera parecer.  Él supo adorar en toda circunstancia de su vida y permanecer esperando paciente el momento en que su bendición sería manifiesta.

Queremos tener en común con Josué su capacidad de enfrentar el temor y luchar con todas sus fuerzas hasta conseguir el objetivo que tú le habías trazado.

Pero finalmente, queremos tener en común con Cristo, esa continua comunión y dependencia de tí, para que no haya tropiezos en nuestro propósito y seamos revestidos de la gracia, el amor y el poder necesarios para llevarlo a cabo.

Somos semejantes a nuestros antepasados, somos semejantes a tí… ¡Todo lo tenemos en común!.

Gracias amado Rey y Salvador, en Jesucristo nuestro mayor ejemplo de vida.

Amén y amén.

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