Padre del cielo, te adoramos y bendecimos tu santo nombre porque no hay nadie que se te compare.

Tú has sido absolutamente paciente y bueno para con nosotros, por lo cual nos sentimos profundamente agradecidos.

Como Noemí, algunas veces hemos dejado que el dolor nos nuble el entendimiento y hemos dicho cosas que no obedecen a la verdad, te rogamos que nos perdones, porque sabemos que tú siempre deseas nuestro bien y trabajas continuamente por entregárnoslo.

Gracias infinitas por el Espíritu Santo que nos ama y vela por nuestro bienestar, llevándonos a mejores estados cada vez.

Somos privilegiados porque tus oídos están atentos a nuestra voz y tú vas mostrándonos el camino a seguir, hasta que lleguemos al momento en que todo es perfecto, completo y suficiente.

Deseamos darle el correcto aprovechamiento a nuestros dones  y talentos para cumplir nuestra tarea con total diligencia y demostrarte con ello nuestra fe y gratitud.

Queremos atender a esa orden de perdonar setenta veces siete porque también nosotros fuimos perdonados muchas más veces.  

Que seamos diligentes en hacer lo que está a nuestra mano, sabiendo que tú harás por nosotros lo que nos resulta imposible.

Nuestro llanto se convertirá en risa y la amargura que un día fuimos anidando en el corazón a causa de las pruebas, será cambiada por la dulzura de cargar en nuestro regazo lo nuevo que recibimos de ti.

Nos sentimos felices, esperanzados, llenos de fe, sabiendo que nos estás conduciendo al mejor estado y un día, los que nos rodean, alabarán tu nombre por causa de las grandes bendiciones con que vas a rodearnos.

Te alabamos y te exaltamos Padre Santo.

En Cristo Jesús.

 

Amén y amén.

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