El Señor te dice en su palabra: (Jeremías 15:20 RV60) Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Tu enemigo siempre vendrá dando alardes de grandeza, aunque esté derrotado hace miles de años, te hará creer que estás solo, que por más que ores, perdones o perseveres, nada va a cambiar, pero lo cierto es que Jesús ya peleó por ti, y  ya no puede hacer resistencia y tiene que soltar lo que no le pertenece. 

Si has creído, entonces eres parte del ejército más poderoso, Jesús dijo claramente: (Lucas 10:19 NTV) Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño.

¡Ten fe! ¡Resiste! ¡No te des por vencido! Esta victoria es tuya, ya Dios te ha entregado al enemigo en tus manos, tapa tus oídos, no escuches tus sentimientos, no tienes que ceder a las instigaciones del adversario, Dios que da el poder te da de su fuerza invencible, como un soldado en el ejército del Dios viviente puedes desde ya, considerar todas tus batallas ya ganadas y hoy podrás ver como todo lo que creías perdido en tu vida ha renacido, y todos tus enemigos desaparecerán para siempre. 

Amado Señor en este dia quiero entregarte todo el temor que me ha estado inquietando, son muchos los enemigos que han querido venir a intimidarme, me he  sentido atacado, humillado, han dicho calumnias y mentiras acerca de mí, muchos quieren dañar mi nombre y manchar mi imagen, con falsas acusaciones.

Por eso acudo a tu palabra como el Rey David cuando se sentía perseguido para rogarte: (Salmo 3:3-8 NTV) Pero tú, oh Señor, eres un escudo que me rodea;   eres mi gloria, el que sostiene mi cabeza en alto. Clamé al Señor, y él me respondió desde su monte santo. Me acosté y dormí, pero me desperté a salvo, porque el Señor me cuidaba. No tengo miedo a los diez mil enemigos que me rodean por todas partes. ¡Levántate, oh Señor! ¡Rescátame, Dios mío! ¡Abofetea a todos mis enemigos! ¡Destroza los dientes de los malvados! La victoria proviene de ti, oh Señor;

Tu Palabra me dice que no tema, que tu eres mi escudo, y esa palabra me trae gran tranquilidad porque me hace imaginar cuando te pones en medio de mis adversarios para protegerme, queriendo decir que deben pasar primero por medio tuyo para poder vencerme a mi.

Señor ahora sé, que lo que debo hacer es descansar en ti, no perder mi tiempo desgastandome en sentimientos de temor donde tú ya venciste por mi, donde me dices que me quede quieto porque en tus manos está mi venganza.

Señor gracias porque en tu palabra siempre prometes respaldarme y nunca permitir que mis enemigos me derroten, simplemente porque estoy en las manos del Gran yo soy, y en tus manos puedo descansar seguro, porque tu cuidas de mi y de mi familia.

Nadie nunca podrá quitarme lo que es mío, porque tú, me los ha dado, tu te encargas de limpiar mi nombre, porque tú levantas mi cabeza, 

(Salmo 34:4-8 NTV) Oré al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. Los que buscan su ayuda estarán radiantes de alegría; ninguna sombra de vergüenza les oscurecerá el rostro. En mi desesperación oré, y el Señor me escuchó; me salvó de todas mis dificultades. Pues el ángel del Señor es un guardián; rodea y defiende a todos los que le temen. Prueben y vean que el Señor es bueno; ¡qué alegría para los que se refugian en él!

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