Te alabamos Dios de los cielos porque tus caminos son insondables y sigues orientándonos a partir de toda tu creación.

Gracias por los animales, nuestros compañeros de vida que están siempre entregándonos lo mejor de sí mismos para mostrarnos preciosas lecciones de vida.

Te rogamos que nos des la persistencia que tiene el salmón para regresar a casa y cumplir su propósito.

Posiblemente también, algunos de nosotros, hemos decidido correr al mar de posibilidades que nos ofrece el mundo y nos fuimos adaptando a su salinidad pese a que seamos originarios de aguas dulces.

Pero llega el momento en que maduramos y entendemos que nuestro hogar nos espera, que es cerca tuyo donde podemos ser productivos y podemos dejar un legado de vida para los nuestros.

Es por eso que tomamos el camino de regreso como lo toma el salmón, dejando en cada lucha parte de lo que fuimos atrás y que se interpone en nuestro avance.

Es probable que al llegar no nos veamos como fuimos un día, pero estaremos listos para hacer lo debido.

Debemos atender a tu voz que se hace oír a través de toda la creación, que se manifiesta a través de las estrellas, del viento, del agua, de la siembra y la cosecha.

No hay manera de pensar que no nos hablas, que permaneces en silencio, cuando somos nosotros los que hemos obviado tus mensajes.

Bendice Señor nuestras vidas y permítenos ser personas entendidas, listas para aprender, dispuestas a desechar lo que no conviene y preparados para obedecer con la fidelidad que lo hace el resto de tu creación.

Te alabamos y bendecimos tu santo nombre, nos declaramos enteramente satisfechos de saber que podemos mantenernos en comunicación y contacto, contigo y con toda la naturaleza que nos rodea.

Te amamos Padre bueno.

En el precioso nombre de Cristo Jesús 

Amén y amén.

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