Padre Amado, hoy me doy cuenta que cada adversidad en mi vida tiene un propósito, y es un plan eterno donde cada una de estas cualidades nos hacen más fuertes, más estables y maduros.

Cada una es un aspecto del carácter que Dios quiere que nosotros como hijos tengamos. A medida que enfrentamos cada prueba y que somos capaces de superarla en victoria, nos ayuda a incrementar nuestra fe, a saber que todo pasa para que creamos en el Dios que tenemos en los cielos, pero también en nosotros mismos y poder ser testimonio para muchos que pasan por diversas pruebas también en el mundo.

Señor, soy la prueba viviente que tú también permites que a veces suframos y pasemos adversidades como una manera de arrepentirnos y nos volvamos a ti, ayudándonos a comprometernos de una manera firme, profunda y total contigo.

De la misma forma, hay momentos en que Dios nos permite sufrir las consecuencias de desobedecer, de tal forma que podamos aprender de nuestros propios errores. Si Dios ignorara nuestro mal comportamiento y nos permitiera seguir en él, no estaría expresando el amor de un Padre que quiere lo mejor para sus hijos.

Señor en tu palabra dice en 1 Corintios capítulo 10 verso 13 Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden ustedes confiar en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla.

El propósito de esta clase de adversidad es fortalecernos y sanarnos espiritualmente, para que podamos continuar porque tú nos darás la fortaleza para superarla y nos mostrarás el camino para salir de ellas.

No todo el sufrimiento se produce porque Dios está interviniendo directamente. Pero cuando sufrimos, tenemos la oportunidad de examinar cuidadosamente nuestra vida, analizar la lección de obediencia que podemos aprender de las circunstancias.

Dios en su sabiduría nos está enseñando poderosas lecciones que ayudarán a prepararnos para nuestro lugar en su Reino eterno. En esta vida nunca vamos a entender completamente por qué Dios permite que ocurran ciertas cosas. Pero podemos tener fe en que el sufrimiento no es arbitrario ni sin sentido, que aún cuando no entendamos, Él siempre desea lo mejor para nosotros.

Dios está creando en nosotros las cualidades de carácter que no pueden obtenerse sino por medio de las dificultades. Y también Él usa el sufrimiento para llamar nuestra atención a los cambios que necesitamos hacer para poder caminar por sendas derechas en nuestra vida.

Sí, vivimos en un mundo de dolor, pero no va a ser así para siempre.

Cuando hayamos aprendido estas lecciones y estemos preparados para ser parte de su reino, no habrá más necesidad de sufrimiento, éste ya habrá cumplido su propósito y nunca más será parte de nuestra vida.

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