Padre Santo, hoy queremos ser honestos contigo acerca de nuestra fe y reconocer que en ocasiones nuestras dudas nos hacen tambalear y ponemos la vista en lo exterior, por eso tus respuestas nos sorprenden y quedamos perplejos ante tanta bondad.

No somos los más grandes creyentes y nos alienta saber que hasta las personas que admiramos por su gran fe, como Pedro y los apóstoles, también han tenido momentos de debilidad y duda.

No obstante, sabemos que tu amor es tan grande que jamás nos dejas solos. Tú escuchas nuestra oración y pones todo tu poder a obrar a nuestro favor para que podamos ser librados hasta de las situaciones más críticas y desesperanzadoras de nuestra vida.

Entendemos que tus respuestas no son proporcionales al tamaño de nuestra fe, o de nuestra oración, sino de tu grandeza y de la misericordia desmedida con que nos ves y nos cuidas.

Dudar es una experiencia normal en cada creyente, pero reconocer que tú estás interviniendo y que las respuestas, por sorprendentes que parezcan, siempre vienen de tí, nos ayuda a fortalecer nuestra fe y la de las personas que nos rodean.

Te damos gracias por tantas respuestas recibidas a tantas oraciones sencillas, pequeñas o que para nosotros parecieron insignificantes, pero para tí, son importantes.

Te alabamos y bendecimos tu santo nombre, porque tú eres la respuesta efectiva a un corazón en angustia.

En Jesucristo nuestro Salvador y Señor.

Amén y amén

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