Amado Jesús, te alabamos y levantamos tu nombre en alto, porque tú mereces toda honra, gloria, poder y adoración.

Gracias por haberte dispuesto para salir a nuestro encuentro y demostrarnos que la felicidad procede de una relación estrecha contigo.

Todos queremos ser felices, pero todos hemos puesto nuestra felicidad en objetivos, en personas, en relacionamientos, en posiciones y posesiones que nada tienen que ver.

Por eso, ninguna riqueza es suficiente para ser felices, porque querremos más.  Ni ningún reconocimiento es suficiente porque buscaremos uno más.  Los hijos son nuestro tesoro, pero no la base de nuestra felicidad.

Nuestro cónyuge, es una bendición tuya, pero no puede llenar todos nuestros vacíos y hacernos felices, cuando tienen los propios.  

Solamente en tí, podemos hallar absolutamente todo lo que necesitamos.  En tí está el amor que todo soporta, todo lo puede, todo lo espera y todo lo sufre.  Ese amor sin medida que nos da salvación pese a todos nuestros errores.

Un amor que no apaga nuestra esperanza por tenue que parezca, ni quiebra nuestro ser, por deteriorado que se encuentre, sino que sana, restaura, regenera, restablece y fortalece.

Por eso Señor, tenemos la plena convicción de que no hay felicidad fuera de tí.  Si estuviéramos solos en esta tierra pero tú fueras nuestra única compañía, también seríamos felices.

Pero podríamos estar rodeados de personas, llenos de riquezas, reconocimientos y demás, pero sin tí, y seríamos infelices.

Gracias por ser nuestra felicidad y por haber salido a nuestro encuentro.  Te entregamos nuestro corazón rendido a tí, porque tú eres Rey de Reyes, Señor de Señores, nuestro amado y suficiente Salvador.

Amén  y amén.

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