Amado Señor, en esta noche, venimos ante tu presencia no a pedirte, venimos a darte gracias: Gracias porque has sido bueno, gracias por todos tus favores y tu misericordia, gracias por tu amor y tu perdón, por todo esto y por mucho mas te alabamos y te bendecimos.

Los que hemos sido redimidos por Dios y hemos disfrutado de su salvación, podemos contar de sus maravillas y de sus bondades, por ello alabamos y bendecimos Tu nombre. Entren por sus puertas con acción de gracias; vengan a sus atrios con himnos de alabanza; denle gracias, alaben su nombre (Salmos 100:4). 

Señor todo lo que tenemos es solo por tu gracia y por tu amor, Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, pues en Cristo nos ha bendecido en los cielos con toda clase de bendiciones espirituales (Efesios 1:3). 

Nos has bendecido también aquí en la tierra, nos has dado una hermosa familia, nos das salud, un trabajo, comodidades, bienes y logros alcanzados; además nos has regalado la posibilidad de una vida eterna, nos has permitido conocerte y tener una verdadera comunión contigo. Todo esto es por tu misericordia, por eso de nuevo debemos decir: Gracias Dios por todo.

Bendecir al Señor en todo tiempo es ser agradecidos, es reconocer que cada dia podemos ver que obras en favor nuestro, haces milagros extraordinarios y por eso Señor con todo nuestro ser y con toda nuestra alma entonamos alabanza a ti Señor: Ustedes, pueblo de Dios, ¡canten a Dios con alegría!. En labios de gente sincera, suenan bien las alabanzas. ¡Alaben a Dios con himnos y con música de arpas! ¡Alábenlo con buena música! Cántenle canciones nunca antes escuchadas, y lancen gritos en su honor. 

Dios es digno de confianza; Dios ama lo que es justo y recto. Por todas partes se pueden ver sus grandes actos de bondad. Con su sola palabra Dios hizo los cielos, el sol, la luna y las estrellas, y juntó en un solo lugar el agua de todos los mares. 

Habitantes de toda la tierra, ¡honren a Dios! Habitantes del mundo entero, ¡muéstrenle reverencia! Él creó todo lo que existe por medio de su palabra. Bastó una orden suya para que todo quedara firme. 

Dios no deja que las naciones lleven a cabo sus planes; Dios no deja que los pueblos realicen sus planes malvados. Pero Dios cumple sus propios planes, y realiza sus propósitos. 

¡Dios mío, tú bendices al pueblo que te reconoce como Dios! ¡Tú bendices a la nación que te acepta como dueño!. Desde tu trono en el cielo te fijas en toda la gente; desde tu trono vigilas a todos los habitantes del mundo. 

Tú creaste la mente humana y sabes bien lo que todos hacen. No hay rey que se salve por tener muchos soldados, ni hay valiente que se libre por tener mucha fuerza. 

De nada sirven los caballos para ganar una guerra, pues a pesar de su fuerza no pueden salvar a nadie. Pero tú cuidas siempre de quienes te respetan y confían en tu amor. 

En tiempos de escasez, no los dejas morir de hambre. Tú nos das tu ayuda, nos proteges como escudo. Por eso confiamos en ti. Nuestro corazón se alegra porque en ti confiamos. Dios nuestro, ¡que nunca nos falte tu amor, pues eso esperamos de ti!.

 

Hemos orado al Padre, en el nombre de su amado hijo nuestro Señor Jesucristo y con la presencia de Tu Santo Espíritu en medio de nosotros . Amén y amén.

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