Te damos gracias Señor Jesús por tu insuperable bondad para con aquellos que te necesitamos.  Somos conscientes de que tú haces salir tu sol sobre todos nosotros, sin importar si te amamos, te recibimos o te aborrecemos y te rechazamos.

Muchas veces has venido a nuestras propias vidas a resolver situaciones que se nos salían de las manos, pero nos quitaste algo que nos perjudicaba y que nosotros considerábamos valioso y nosotros te rechazamos por ello.

Los pobladores gerasenos tenían un gran problema que no podía ser solucionado más que con tu intervención, pero ellos querían que vinieras a resolver, exclusivamente, lo que ellos querían y no lo que tú decidieras.

Así sucede con nosotros cuando queremos que vengas a nuestras vidas para resolvernos los problemas financieros, de salud, de trabajo o de cualquier otra índole, pero que todo lo demás permanezca como estaba, sin importar si está bien o mal, delante de ti.

El rechazo que recibiste de su parte y de la nuestra tú lo devolviste con bondad, no porque lo merezcamos, sino porque esa es tu naturaleza.

Te pedimos que nos perdones por las ocasiones en que nos empeñamos en ser personas voluntariosas que desean hacer únicamente su voluntad y pretendemos darte instrucciones acerca de lo que deseamos que sea hecho, a sabiendas de que tú eres el único que sabes absolutamente todo y puedes resolverlo de manera perfecta.

Te alabamos Señor y nos sentimos profundamente agradecidos por todo lo que tú nos has dado y nos seguirás dando.  En el ejemplo del endemoniado nos queda la certeza de que tú sales a salvar, incluso a aquellos que no tienen la manera de pedir auxilio, porque sus voluntades han sido doblegadas por el mal.

Gracias por tanta bondad Señor, Dios  y Rey Todopoderoso. Amado Jesús, Redentor nuestro.

Amén y amén.

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