Precioso Rey del cielo, te damos gracias por la bondad y el amor tan grande con que no has amado.

Gracias por dejarnos el ejemplo de tantos hombres y mujeres que a través de sus vidas, nos mostraron que es posible seguir tu ejemplo y convertirnos en comunicadores de vida.

Te adoramos, te alabamos, bendecimos tu santo nombre porque el poder que derramaste sobre la vida de Elías y de Eliseo, es el mismo que habita en nuestros corazones.

Gracias Espíritu Santo por darnos la capacidad de entender la palabra del Señor y también de ponerla en práctica para poder amar a las personas que nos rodean, entendiendo que todos vivimos procesos diferentes.

Ayúdanos a dejar un legado de fe, de amor, de servicio y de compromiso que traspase nuestra tumba y aún después de muertos siga bendiciendo a otros y comunicándoles vida.

Gracias por cada persona que existió antes de nosotros y aportó un grano de arena para que tus palabras fueran conservadas y hubieran sido puestas a nuestro alcance.

Gracias por los que creyeron al anuncio de tu voz y vieron tu poder actuando en sus vidas y en la de las personas que los rodeaban, de manera que fuera tendida una red de testimonios y fe, que aún sostiene nuestros corazones.

Deseamos estar a tu lado cada instante de nuestras vidas, deseamos ser felices seguidores de tu camino; satisfechos en tu gracia, agradecidos por cada bendición con que nos rodeas.

Somos testigos de tus milagros, somos portadores de tu bondad, de tu amor, estamos en nuestras facultades mentales plenas y podemos hacer, cada día más, para expandir el reino de los cielos.

Bendecimos nuestras familias, nuestros hogares, nuestra salud, nuestra mente y nuestro cuerpo para que en todo pensamiento, acto y palabra, tu presencia sea visto.

En el precioso nombre de Jesús de Nazareth

Amén y amén.

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