Querido Señor, qué gran amor nos tienes, Aunque cambien de lugar las montañas y se tambaleen las colinas, no cambiará mi fiel amor por ti ni vacilará mi pacto de paz, dice el Señor, que de ti se compadece. (Isaías 54:10).

Te pedimos Señor, en esta noche, que nos guíes en el camino que debemos seguir. Te damos acceso por completo a nuestras vidas y te pedimos que nos guíes hasta el final, que cada día podamos sentir gozo, alegría y confianza de saber que somos importantes para ti, que nos amas con amor eterno y que siempre  estás a nuestro lado.

¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se nos llame hijos de Dios! ¡Y lo somos! El mundo no nos conoce, precisamente porque no lo conoció a Él. (1 Juan 3:1).

Gracias Padre, porque sabemos que estás con nosotros para salvarnos; este mundo esta perdido, pero la luz, tu Luz vino a nosotros, y estás en medio de nosotros; todo se trata de ti, de tu venida a este mundo para darnos vida; nuestros pecados nos alejaban de ti, estábamos destituidos de la Gloria de Dios, pero Emmanuel, Dios con nosotros, vino a salvarnos!  gracias por  tu gran amor.

Sepan, pues, todos ustedes y todo el pueblo de Israel que este hombre está aquí delante de ustedes, sano gracias al nombre de Jesucristo de Nazaret, crucificado por ustedes, pero resucitado por Dios. 

Jesucristo es “la piedra que desecharon ustedes los constructores, y que ha llegado a ser la piedra angular”. De hecho, en ningún otro hay salvación, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres mediante el cual podamos ser salvos. (Hechos 4:10-12).

No podemos entender tu perfecto amor, pero sabemos que es real y poderoso. Que estás en medio de nosotros para darnos vida. Nos entregamos a tu amor y te pedimos que quites todo temor y la angustia y nos ayudes a vivir en paz y seguridad. Te reconocemos como nuestro Padre y por tanto somos tus hijos amados.

Este es el mensaje que hemos oído de Él y que les anunciamos: Dios es luz y en Él no hay ninguna oscuridad. Si afirmamos que tenemos comunión con Él, pero vivimos en la oscuridad, mentimos y no ponemos en práctica la verdad. 

Pero, si vivimos en la luz, así como Él está en la luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:5-7).

Hemos orado a Ti, Padre, en el nombre de Jesús amén y amén. 

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