Precioso  Señor, te damos infinitas gracias por ser quien eres, porque tu justicia y tu amor nos invade día tras día y nos llevan de las tinieblas a tu luz admirable. 

Gracias por habernos elegido entre tantos para ser parte de tu pueblo, tus seguidores, tus creyentes, tus hijos.  Nos sentimos honrados porque has puesto dentro nuestro tu precioso Espíritu de modo que seamos limpiados y transformados en personas aceptables delante de ti.

Es gracias a Él que podemos advertir el peligro que nos rodea y amenaza con destruirnos y es por Su poder interviniendo en nuestras vidas, que podemos mantenernos a salvo.

Te rogamos que nos permitas ver con claridad en nuestra mente y en nuestro corazón toda basura que aún permanezca y nos des la voluntad firme para desecharla.

Necesitamos mantener nuestros sentidos cerrados ante toda provocación del mal y ante cualquier conducta errada que hayamos vencido e intente regresar a nuestras vidas.

Tu eres Rey sobre toda la tierra y tienes autoridad y dominio sobre todo, incluso sobre aquello que en su momento nos hizo daño.  Tu eres el único que tiene el poder que nos ayuda a vencer ante el pecado y que nos mantiene avanzando día tras día hacía nuestra nueva vida.

Nos acogemos a lo dicho en tu palabra en Colosenses, capítulo 3: Dios les dio nueva vida, pues los resucitó juntamente con Cristo. Por eso, dediquen toda su vida a hacer lo que a Dios le agrada. Piensen en las cosas del cielo, donde Cristo gobierna a la derecha de Dios. No piensen en las cosas de este mundo. Pues ustedes ya han muerto para el mundo, y ahora, por medio de Cristo, Dios les ha dado la vida verdadera. Cuando Cristo venga, también ustedes estarán con él y compartirán su gloriosa presencia.

Por eso, den muerte a todos sus malos deseos; no tengan relaciones sexuales prohibidas, no sean indecentes, dominen sus malos deseos, y no busquen amontonar dinero, pues es lo mismo que adorar a dioses falsos. Todo esto hace que Dios se enoje con los desobedientes. Ustedes mismos se comportaban así antes de conocer a Cristo. Pero ahora tienen que dejar también todo esto: no se enojen, no busquen hacer el mal a otros, no ofendan a Dios ni insulten a sus semejantes, ni se mientan unos a otros, porque ustedes ya han dejado la vida de pecado y ahora viven de manera diferente.

En realidad, ustedes son personas nuevas, que cada vez se parecen más a Dios, su creador, y cada vez lo conocen mejor. 

Damos honor, gloria y adoración a ti, Rey de reyes, Señor de señores.

 

En Cristo Jesús.

 

Amén y amén.

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