Padre Bondadoso, Misericordioso y Santo, nos postramos ante tu presencia para adorarte, para alabarte y para honrar el gran amor con el cual nos has rescatado de en medio de la maldad.

Sabemos que en otro tiempo fuimos personas que se dejaban seducir con facilidad por las tentaciones que el mundo ofrece, pero ahora, hemos decidido conservar la integridad que el Espíritu Santo ha cultivado en nuestros corazones.

Nos sentimos honrados de hacer parte del selecto grupo de personas que pueden ser identificadas contigo por los valores y las virtudes que rigen nuestras vidas, por lo tanto, te rogamos que continúes de nuestro lado, ayudándonos a vencer cada adversidad y cada tentación, de manera que podamos mantenernos firmes, perseverando en tí, hasta el último de nuestros días.

Tu palabra nos entrega una advertencia, que es vital tener presente, en la primera carta a los Corintios, capítulo 10 verso 12: Que nadie se sienta seguro de que no va a pecar, pues puede ser el primero en hacerlo.

Nosotros hemos sido llamados a vivir en integridad, porque esa es la manera en que podemos demostrar la gratitud que sentimos por haber sido rescatados de nuestra vana manera de vivir.

Cuando venga la tentación o intenten sobornarnos, permite Señor, que recordemos que quien busca nuestra caída lo hace porque se siente intimidado ante nuestra fortaleza.

Nosotros somos fuertes únicamente por el poder tuyo que habita en nosotros y nos permite vencer con toda autoridad, toda artimaña de las tinieblas creada para volvernos a llevar a la condición de ceguera espiritual en la que vivíamos antes.

Te rogamos Padre, que guardes las vidas de cada una de las personas que hacen parte de nuestra familia, de nuestro hogar, de nuestro entorno y que nos permitas ser recordados como las personas que se mantuvieron firmes, gracias al carácter de Cristo que tu Santo Espíritu reproduce continuamente en nuestro corazón.

Deseamos permanecer en estrecha comunión contigo para que no haya nada, ni nadie que nos pueda apartar de tí, ni nos haga desistir.

En el precioso nombre de Jesucristo, nuestro supremo ejemplo de integridad.

Amén y amén.

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