Hoy que estamos en los últimos días del año 2020, quiero aprovechar cada día como si fuera el último, sabiendo que cada día es único, como los recuerdos que puedo crear a partir de mi buena disposición.

Quiero reir sin preocuparme por lo estruendoso que puedan sonar mis carcajadas y llorar sin afanarme por guardar apariencias de una falsa fortaleza, porque tú eres mi mayor gozo y porque mis lágrimas reflejan mi humanidad y son preciosas delante de tí.

Mi fortaleza no proviene de lo capaz que sea, ni de lo valiente que me sienta, sino de la confianza en el amor que me tienes Señor.

Decido abrir mi corazón a aprender algo nuevo día tras día, a desaprender lo que no me edifica, lo que no es bueno, lo que detiene mi progreso, porque deseo ser una persona en crecimiento constante.

Dispongo los dones que me diste para darles el mayor aprovechamiento, sirviendo a mi prójimo y aportando a la edificación de sus vidas.

Te ruego que me des la sabiduría necesaria para descubrir mis errores y tomar los correctivos necesarios para superarlos, pero también para cultivar mis aciertos y hacer desarrollar al máximo mis fortalezas.

Quiero tomarme el tiempo necesario para escuchar tus consejos, para profundizar en las verdades que alimentan mi fe, para limpiar mi corazón de todo lo que impide que tu palabra de fruto y mis pensamientos, actos y palabras, reflejen cada vez más el carácter de Cristo.

Pondré todo mi empeño en corregir lo que hice mal y lastimó a las personas que amo; y me determino a ir ofreciendo la mejor versión de mí día tras día, de modo que al mirar atrás, sólo vea una escuela de crecimiento en la que he ido aprobando las asignaturas y alcanzando los objetivos.

Tengo vida y esa debe ser motivación más que suficiente para aprovecharla y expresar continuamente mi gratitud, primeramente a tí y a quienes me rodean.

Elijo lucir mi mejor sonrisa, hacer mi mejor trabajo, amar sin medida, ser generoso, compartir mis tesoros, sean consejos, bienes materiales o conocimientos, de modo que pueda bendecir el mayor número de personas posible.

Me decido a ser un buen creyente, un buen hijo tuyo, un buen esposo, un buen padre, un buen hermano y un buen amigo. 

Quiero elegir la esperanza sobre el pesimismo, la fe sobre la duda, la alegría sobre la tristeza, la paz y la reconciliación sobre los conflictos, el perdón sobre el rencor y la vida eterna sobre el pecado y la vida de perdición.

Apago la voz de la ansiedad con la certeza de tu fidelidad y la seguridad de tus promesas y me decido a vivir el mejor diciembre de mi vida.

En el precioso nombre de Cristo Jesús.

Amén y amén.

Leave a comment