Oremos juntos diciendo:

Señor y Dios nuestro, te alabamos y bendecimos tu nombre porque no hay respuesta más excelente que la que proviene de tí.

Gracias por comunicarte con nosotros, por no permanecer callado ante lo que pueda llegar a suceder con nosotros, sino por traer palabra y provisión para todo momento.

Es por tu amor y tu bondad que hemos sido protegidos hasta hoy. Tal vez nosotros no logremos imaginar lo que en el futuro nos espera pero tu lo conoces todo.

Gracias porque tu eres soberano y tu voluntad es buena, agradable y perfecta, por lo tanto, tú eres el único que puede conducirnos a estados de bienestar y a transformaciones que de otro modo sería imposible alcanzar.

No deseamos estar yendo de aquí para allá buscando que alguien más nos diga que habrá de ser con nosotros, pues tú eres el único que conoce el futuro y se lo das a conocer a quien tú deseas.

No es el entorno en el que vivimos, no es la gente que nos rodea, no son las posibilidades a nuestro favor o en contra lo que define nuestro futuro, sino tu presencia activa y tu diseño de vida para nosotros.

Danos una confianza firme como la de Daniel y una capacidad similar a la suya, para enfrentar las crisis con toda calma, confiados en tu poderosa mano.

La ignorancia produce muerte, desolación, esclavitud y deterioro de nuestra vida espiritual, pero la revelación nos abre la mente, el entendimiento y nos da la capacidad de ver al otro con la misma compasión que nos han visto a nosotros.

Gracias Padre de toda misericordia y bondad por lo que sigues haciendo en nuestras vidas Señor.

Entregamos nuestras vidas y la de nuestras familias, sabiendo que tú habrás de mostrarnos lo que sea necesario hacer para que ni un cabello de nuestra cabeza sea tomado.

Te alabamos y bendecimos tu poderoso nombre, Señor y Dios nuestro.

En el precioso nombre de Cristo Jesús,

Amén y amén.

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