Amado Padre que estás en el cielo, gracias por enseñarnos que tu eres la paz verdadera, esa que solo nos puede dar el “Señor de paz”, que solo si te buscamos nos es dada siempre y en todo momento, en todo lugar, es una paz que estará disponible siempre para tus hijos amados.

Señor tú eres soberano, tú gobiernas nuestras vidas y nos llenas de tu amorosa presencia, solo si te aceptamos en nuestra vida, entonces lo tenemos todo, si nuestro corazón está unido al tuyo entonces nos das esa estabilidad emocional que necesitamos, solo es por tu presencia que podemos tener la paz de Cristo Jesús. 

Por eso ahora podemos decir con alegría “Señor de Paz”, llénanos de tu paz, y entonces tu, con tierno amor nos dices: Hijo, «yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33).

En medio de nuestra tribulación y las angustias de cada día, podemos descansar confiadamente y de nuevo oír la voz del Señor cuando nos dice: Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:7).

Amado Dios, gracias porque siempre estas cerca para ayudarnos, gracias porque eres nuestro proveedor, sacias todas nuestras necesidades, los ricos se vuelven pobres, y sufren hambre, pero a los que buscan al Señor nunca les faltará ningún bien. (Salmos 34:10).

Gracias Padre porque nos haces personas únicas y especiales delante de ti, nos creaste según tu propósito divino: Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; tú me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque estoy deslumbrado, porque es maravilloso lo que has hecho. ¡De ello estoy bien convencido! No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro. Habías señalado los días de mi vida cuando aún no existía ninguno de ellos. (Salmo 139:13-16).

Señor sabemos que nos diseñaste de tal manera que pudiéramos valorar y reconocer que sin ti nada podemos hacer, que eres suficiente para nosotros y que además, formamos parte de la familia de Dios, nos hiciste tus hijos y nos hiciste herederos tuyos. Pero ustedes son una familia escogida, un sacerdocio al servicio del rey, una nación santa, un pueblo adquirido por Dios. Y esto es así para que anuncien las obras maravillosas de Dios, el cual los llamó a salir de la oscuridad para entrar en su luz maravillosa. (1 Pedro 2:9).

Sabemos Señor que tienes un plan para nosotros, que nos capacitas pues es Dios quien nos ha hecho; Él nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, siguiendo el camino que Él nos había preparado de antemano. (Efesios 2:10).

Gracias Padre, porque sabemos que procuras siempre nuestro bienestar y paz en nuestros corazones amén y amén.

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