Padre bueno venimos ante tu altar para darte gracias por tus grandes bendiciones con que nos has rodeado y por tu inmensa misericordia para con nosotros.

Algunos de nosotros no habíamos sido conscientes de lo importantes que resultan nuestras palabras y de la necesidad de evaluar nuestro corazón fijándonos en nuestra manera de hablar.

Muchos de nosotros hemos dicho cosas, motivados por el enojo, que han hecho daño a las personas que amamos, mas no ha sido porque hayamos dejado de amarlas, sino porque hay dentro nuestro un resentimiento sin resolver, o un problema sin tratar.

Hoy te rogamos que nos des sabiduría para descubrir qué es lo que hay dentro nuestro que nos está haciendo cosechar lo que no deseamos.

Las palabras que usamos deben ser las justas para expresar lo que deseamos y no tantas como para dejar en evidencia nuestra insensatez Señor.

Perdónanos por las ocasiones en que abrimos nuestra boca para hacerte promesas que luego no cumplimos.

Perdónanos por haber hecho pactos, compromisos y contratos verbales con otras personas que luego no llevamos a cabo, desde una llamada, una ayuda, un tiempo de compartir, un trabajo, hasta un te quiero que no salió de nuestro corazón, pero sí rompió el de quien lo creyó cierto.

Queremos tener un corazón bondadoso y sensible como el de Cristo, de modo que las palabras que broten de él, sean bálsamo para el que está herido, pan para el que está hambriento de esperanza y luz para el que se halla perdido.

Queremos ver buenas cosechas de relaciones estables, de buen trato, de respeto, de amor, de comunión, de apoyo, de bendición.

Te abrimos nuestro corazón para que navegues en él Señor y nos des parte acerca de todo lo que debe ser corregido para que podamos ser conforme a tu imagen y semejanza.

En Cristo Jesús, Salvador nuestro.

Amén y amén.

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