Padre Bueno que estás en los cielos, que palabra más hermosa nos regalas en este día, nos invitas a descansar, a entregar todas estas pesadas cargas que ni siquiera nos dejan avanzar. Hoy nos haces un llamado especial para que aprendamos de ti la mansedumbre y la humildad, nos dejas ver que es la única manera de encontrar el descanso para nuestras almas cansadas y atribuladas por el peso de este mundo implacable.

Aparte de esto Jesús nos invita a tomar su yugo sobre nuestros hombros. Los judíos usaban la palabra yugo con el sentido figurado de someterse a algo. No obstante, Jesús dijo: “Mi yugo es fácil”. La palabra fácil en griego, quiere decir que encaja bien. 

Los yugos de los bueyes se hacían en madera; se llevaba el buey al carpintero para que le tomara las medidas; luego se desbasta la madera, y se llevaba otra vez al buey para probarlos de tal forma que encajaran en la bestia bien a tal punto de no ocasionar daño al momento de ponerlos.

Ahora Jesús nos dice: “mi yugo encaja perfectamente en tu vida, yo tengo el plan perfecto que no te lastimará y te llevará a la felicidad verdadera y duradera”. Lo que quiera que sea que Dios nos destine encaja exactamente con nuestras necesidades y habilidades.

Señor, gracias por mostrarnos que en el mundo solo encontraremos angustias y cargas. Ningún método humano, por bueno o llamativo que parezca, puede traer a nuestra vida la paz que tanto anhelamos y buscamos. Sin embargo, Jesús nos ofrece descansar de estas, solo necesitamos acudir a Él y someternos a su yugo, es decir a su señorío, a su voluntad, para encontrar la auténtica paz y el completo reposo.

Jesús nos enseña que en el mundo tendremos tribulación, pero que debemos confiar porque Él ya hizo todo por nosotros Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.

Su sacrificio es lo suficientemente poderoso, no sólo para abarcar y pagar el precio del pecado, sino también para sanar y librarnos del peso de toda aflicción terrenal.

Pues Jesús pidió que se le acercaran los cojos, los ciegos o los que tuviesen otras dolencias físicas. Extendió la misma invitación a los que estaban afligidos y derrotados, debilitados y demasiado angustiados.

Seguramente hoy estás desesperado porque tus cargas son demasiado pesadas. Pero ese llamado está hoy para ti, puedes ir en este momento. Cuando parezca que la tormenta llega en tu vida, y quizá te sientas abandonado, puedes clamar a Él, porque el poder sanador del Señor Jesucristo, ya sea que quite tus cargas o te fortalezca, te ayudará a perseverar y vivir con ellas, el ofrecimiento de Jesús está a tu alcance para sanarte y quitarte toda aflicción en este mundo.

Él conoce tus sufrimientos y Él está presto a llevar esa carga. Confía en Él lo suficiente como para poner la carga a Sus pies y permitir que la lleve. Entonces la paz de Él, reemplazará tu angustia y tu desesperación.

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