Señor mío tu palabra dice en el Salmo capítulo 37 verso 25 (RV60)No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan”.

Y así lo creemos y lo declaramos para nuestra vida y nuestra familia, tal como no abandonaste a la viuda de Sarepta, no abandonarás a tus hijos porque te amamos, creemos en tus promesas y somos justos por la sangre de Cristo, y como hijos no mendigamos pan, ni nuestros hijos pasarán nunca de hambre ni necesidad.

Amado Señor, tú más que nadie conoces nuestras necesidades, sabes por todo lo que nos está tocando vivir, y por lo tanto sabes cuánto necesitamos que sean cumplidas tus promesas de amparo, refugio y provisión.

El enemigo ha querido robarnos y destituirnos de todo lo que tú nos has dado, pero creemos en las palabras de restitución para nosotros.

Tú eres un Dios omnisciente, todo lo sabes, todo lo ves, te imploramos por justicia e igualdad, porque no sólo hay hambre y escasez sino que todo ha aumentado, y a  causa de la inflación económica los intereses son más altos, la comida más costosa, y debemos cumplir con las cuotas de casa, carro, préstamos del banco y estamos amenazados de perderlo todo.

Pero conocemos que eres un juez justo, y si es necesario, harás que se decrete una ley que esté a nuestro favor, al igual que lo hiciste con la Sunamita cuando tuvo que abandonar sus bienes y su país por causa de la sequía y la hambruna por siete años. Como nos cuenta 2 Reyes capítulo 8:3 al 6 que dice:

“Una vez que pasó el hambre, la mujer regresó de la tierra de los filisteos y fue a ver al rey para recuperar su casa y sus tierras.  Cuando ella entró, el rey estaba conversando con Giezi, el sirviente del hombre de Dios, y acababa de decirle: «Cuéntame algunas de las grandes cosas que ha hecho Eliseo».  Cuando Giezi estaba relatándole al rey la ocasión en que Eliseo le había devuelto la vida a un niño, en ese preciso instante, la madre del niño entró para presentarle al rey la petición de su casa y de sus tierras.

—¡Mire, mi señor el rey!—exclamó Giezi—. ¡Ella es la mujer y este es su hijo, el que Eliseo volvió a la vida!

—¿Es cierto?—le preguntó el rey. Y ella le contó la historia. Entonces el rey dio instrucciones a uno de sus funcionarios para que la mujer recuperara todo lo que había perdido, incluso el valor de todos los cultivos que se habían cosechado durante su ausencia.

Señor, te rogamos porque esta palabra sea hecha realidad en nuestras vidas, clamamos por esas finanzas restituidas, clamamos para que todo lo que se ha perdido, todo lo que no hemos podido trabajar y producir, sea devuelto hasta siete veces como lo hiciste con la Sunamita.

Hoy recibimos cada una de estas promesas para nuestras finanzas y las tomamos en nuestras manos, confesamos que son verdaderas y nos apropiamos de ellas, las repetiremos una y otra, y otra vez, hasta que se hagan parte de nosotros y sea nuestra fe y nuestra esperanza de cada día. 

Te damos gracias Padre en este nuevo día, sabemos que abrirás las ventanas de los cielos, que enviaras una lluvia de bendiciones en el tiempo oportuno y que las puertas serán abiertas de par en par para cada uno de nosotros, donde hay oportunidad en gran manera de empleo y donde la fuente de ingreso es sobreabundante, donde bendices cada negocio, cada empresa y el trabajo de nuestras manos.

Te bendecimos Señor, y desde ya hay gozo y gratitud en nuestros corazones, confiamos plenamente en las promesas que hoy nos has dado y tenemos la certeza que de acuerdo a tu voluntad, a nuestra fe y esfuerzo, saldremos adelante de tu mano, nuestros ojos verán la provisión de nuestra alacena, nuestra chequera, nuestro sustento diario, y en el nombre de Jesucristo, veremos Tu gloria, Tu Poder y Tu majestad en nuestra finanzas. 

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